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Quienes más preocupaban al P. Fidel eran los mucha– chos. A causa de no contar con un local seguro donde reu– nirse, había quedado a medio hacer la labor que hubiera sido necesaria, y la poca labor hecha estaba muy en pe– ligro de no poder resistir el choque de la frivolidad vera– niega. El grupo de los chicos casi se mantenía en el mismo número del primer día, pues aunque se habían presentado tres o cuatro más, también habían ocurrido algunas bajas entre los primeros. El P. Fidel ya los iba conociendo a to– dos, y estaba seguro de que bastantes de ellos no servirían nunca gran cosa. Martín Bosque era buen elemento, aun– que todavía poco decidido; otro par de ellos podrían juntár– sele..., y seguramente había que poner en seguida aquello de «y pare usted de contar». Mas cierto día de primeros de junio, sin que el P. Fidel supiese cómo, apareció entre los del grupo un muchacho moreno, de no mucha estatu– ra, que, según dijo, era estudiante de veterinaria y al mis– mo tiempo trabajaba en no sé qué oficina; en él creyó descubrir pronto el Padre aquel recio temple que tanto deseaba para sus muchachos, y esto le sirvió para reani– mar no poco su esperanza... Pero ahora, aunque mucho lo sintiese, no había más remedio que resignarse a dejar pasar el gran « bache» del verano, antes de meterse en un programa de hondura. El tiempo y el ambiente ya no re– sultaban propicios a esfuerzos de ninguna clase; a aque– llas alturas de junio bien entrado, por todas partes se de– jaban sentir unas incoercibles ganas de holganza y vaca– ciones. El mismo mes de junio traía para los leoneses las grandes fiestas de San Juan. Eran como una semana de holgorio más o menos mundanal y paganito... No es que tales fiestas tuvieran precisamente el carácter de paga– nas; era pagano, y hasta animal, como ocurre en todas partes, el espíritu con que muchos las celebraban. El que hubiese gran alegría conmemorando el naci– miento del santo Precursor de Jesús, estaba muy justifi– cado. Ya en el Evangelio encontramos que al ser anuncia– do milagrosamente a Zacarías que iba a ser padre de un hijo extraordinario «a quien pondría por nombre Juan», le dijo el ángel: «El será para ti motivo de goza y exulta– ción, y habrá muchos que se alegren con su nacimiento» 118

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