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242 P. PÍO DE M01'DREGANES rrecidos de los indios, y a pagar por todos. Y o conocí a un m1s10nero que con buen C'elo hizo un viaje de éstos, y en el mismo, y aun estando al lado de los soldados, le tiraron los indios algunos flechazos para quitarle la vida. Muéstrense en todo amorosos padres de los indios, y los amarán como a ta– les; háganse en cuanto puedan de su parte, y harán ellos más de la suya. InterC'edan por ellos, caritativamente, cuando se ofrezca, con los ministros de justicia, y verán cómo muchos buscarán la gracía de Dios y todos los vene– rarán como a ministros suyos y ángeles de paz... (28). R,esumen.--Por fin (29) vuelvo a encargar a los misioneros que hagan mu– cho escnipulo en no estar, muy unidos en caridad los unos con los otros, en dars'e pesadumbre, en no excusarlas a los indios, en tener omisión de estudiar su lengua, en no poner en esto y en el aseo de las iglesias todo desvelo. Y no solamente han de tener su libro de Bautismo y mucho cuidado de as'entar en él los que se bautizan y casan, sino también han de procurar tener escritas, en otro, todas las familias y los nombres de todos los que están bajo de su 'enseñanza, fieles e infieles; y; hacer de cuando ~n cuando algún recuento de ellos para que se motiven a no faltar y los ministros de Dios a buscados, si se vuelven (como suelen) a los montes, a su antigua barbarie. Y también les amonesto y exhorto en Dios que se templ•en en otro extre– mo en que suelen dar algunos, que es quererlos hacer a todos santos en dos días, y, sin saber su lengua ni pod'erles dar a entender sus errores e idolatrías, suelen salir ern público, cuando ellos están en ellas y con el calor de sus ;ibo– minables sacrificios, y pisar sus ídolos con más fervor que prudencia. De que se sigue &alir d'esterrados los misioneros, el perder el fruto hecho, malograrse el que se esperaba hacer y perderse totalmente la Misión. Por este celo in– discreto meí consta que s•e perdieron dos y que lo sintieron mucho los eminen– tísimos señores cardenales de la Sagrada Congregación de Propag,mda Fide. No sin causa a los primeros padres y misioneros de la Santa Iglesia les en– cargó Cristo Señor Nu'estro la prudencia: Estate eryo prudentes (30). No se precipiten los obreros de Dios, estudien bü;n la lengua de los infieles, denles a entender sus errores, convénzanl·es el entendimiento, cáptenles la voluntad y esperen sazón. Y con esto conseguirán lo que desean, que aun entre cristianos se atiende a la bu'ena coyuntura para hacer la corrección. Y :con ser de pre– cepto el hacerla no hay obligación, cuando no se espera fruto de ella. 1Y, fi– nalmente, tengan espera y paciencia, atendiendo a qu'e lo que mucho vale, mucho cuesta." Como observarán los lectores, estos atinados consejos, tan sencillamente expuestos por 'este prudente y experimentado misionero, contienen excelente doctrina práctica. Vivamente deseamos que sirvan de luz y ayuda a tantos mi– sioneros de nuestros: días que, como aguerridos soldados, militan en las avan– zadas del numeroso ejército de Cristo Rey. (28) Sigue una advertPncia, exhortando a los n11s10neros al conoeimiento de> los privilegios pontificios Poncedidos a los indios y misioneros en gracia de los Reyes Ca– tólicos, púg. 117 y sigs. (2H) l·'or fin dP este capítulo y advertencias que en él van puestas... , púg. 118. (:10) l\fATTII., X, lG.

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