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PROBLEMAS MISIONALES 241 que le seguían: Aprended de mí qu~ soy manso y humild-e de corazón. Díscite n me, quia mitis s11111 et humilis cordc (25). De esta doctrina evangélica se infiere con evidencia que los padr•es de almas, y singularmente los misioneros que tratan con rigor a los pecadores y no se muestran con ellos apacibles, mansos y amorosos, no ti'enen el espíritll que Dios quiere ni son verdaderos discípulos de Cristo. Y también se colige que, aunque hagan algún fruto, los misioneros con el rigor, harían mucho más con el amor; pues es muy <l'e creer que aquél y no éste nos hubiera enseñado el Salvador del mundo para convertir las almas si fuera más eficaz medio para este fin. Heme alargado algo en este punto porque he visto algunos mi– sioneros qu'e tratan con agrura y rigorj a los indios, siguiendo antes el consejo que para hacer fruto en ellos les d,m algunos espaiíoles que el que para ha– cerlo en todos nos dió el mismo Cristo. Sigan todos el consejo del divino Maestro, de sus discípulos, y obrarán santa y divinam'ente; y crean que !o demás es obrar temerariamente, pues. haciendo oficio de apóstoles en la con– versión de las almas, siguen antes el consejo y 'ejemplo de los soldados que el de Cristo y de sus santos discípulos. Y si nada de esto les hiciere fuerza, hágasela la experiencia, qu•e enseña (como por ella consta) que huyen los indios de los. que les tratan con rigor y se van a los montes, aunque s'ean cristianos. Y hasta los infieles suelen ve– nir de partes remotas en busca de los misionnos que les tratan con amor, agasajo y cariño. Y o conocí a un misionero que los trataba de esta suerte,, y, l1abiéndosele ido a los mont•es r.o pocos indios a otro, 1 que se mostraba rígido con ellos, con sólo enviarles un recado les redujo al punto otra vez a¡ la doc– trina y camino del cielo. También alcancé a saber que quitaron los indios la vida a un misionero, porque los trataba con aspereza. y rigor. Si quieren í:ener vid,i los obreros apostólicos y darla a los pecadores muerto::. con sus culpas no han de usar de la vara de la justicia y de rigor, sino de báculo de padres y pastores suyos, humanándose mucho con dlos. Con una vara en la mano fué Giezi a resucitar a ,un niño difunto, y, aunque para este fin, la puso sobre su cuerpo y hacia oración a Dios, muerto se le dejó, como estaba. Fué: des– pués su maestro Eliseo y, humanándose con él y encogiéndos'e hasta no pasar de su medida, le dió vida. Ca/e[acta est caro pueri (2b). Mirad en este ejem– plar, dice San Pedro Damiano, cómo se consigue más: con te! espíritu de amor que con el rigor. Quem terroris virga suscítari non potuit, per amoris spiritum ¡mer ad vitam rediit (27). R.. XX.---Nunca se debe tomar parte en los castigos contra los indios.-– Algunas veces suel·e suceder ir alguna compafiía de soldados a castigar algu– nos indios o a quemarles las casas, por que vayan a hacerlas donde están los misioneros. Y en este caso y en todos los seme¡antes han de huir mucho de dar a entender a indio ninguno que ellos aprueban aquello y menos que lo solicitaron. Y mucho más han de huir de acompañar a los soldados en tales entradas; porque éstos se salen luego de aquellas tierras y ellos quedan abo- (2;i) MA'ITH., Xl, 2ü. (W) TV Rey., IV, :l4. (27) Opus. XII, De contemptn saeculi, cap. XXVIII, 1\1. P. L., tomo 145, col. 28:l. l'arís, 185:l. l(j

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