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PROBLEMAS MISIO;';AU:s 239 no se casen los que son cristianos con los qu'e no lo son han de solicitar con los padres que den con tiempo estado debidamente a sus hijos. R.. XVII.-Pa::: y unión entre los misionerus.--Singularmente los n11s10ne– ros entre si han de procurar vivir con gran paz y unión de voluntades. Por ser ésta tan necesaria a los obreros de la viña del Señor, la encomendó tanto y tantas veces e1 divino Maestro a sus discípulos: Pax Pobis (17). Y para tener y conservar la paz han de excusar con todo cuidado el darse los unos a los otros la más mínima pesadumbre. Y si a alguno se la dieren. procure llevarla por Dios con paciencia y mortificarse en no dar una por otra. Y para que esta conformidad y unión no falten entre dlos han de poner muchísimo estudio en mortificar lo agrio del natural. hacer mucho escrúpulo de no evi– tarse pesares, asistirles con grande amor los unos a los otros' y honrarse re– ciprocam•ente. Así nos lo enseñaron y lo hicieron para nuestro ejemplo Cristo Señor Nuestro y su sagrado Precursor San Juan Bautista, diciendo muchas alabanzas el uno del otro. Y mediante esta caridad y unión vivirán con gusto, se le darán a Dios y será medio para hacer fruto en las almas. y para que todos conozcan que son verdaderos ministros de Dios y discípulos de Cristo Nuestro Señor, como dijo su divina Majestad a sus apóstoles: In hoc cognos– cent omnes, quia discipuli mei estis si dilectionem habueritis ad inuicem (18). Para la permanencia de las Misiones también importa mucho la r'eciproca unión de los misioneros. Por falta de ella sé yo que se perdió cierta Misión muy del servicio de Nuestro Señor. Y por este mismo camino su'ele tirar el demonio a todas, rabioso de ellas y deseoso de deshacerlas. Hasta de escribir de las Ivlisiones habían d'e estar muy conformes, porque lo contrario cede en descrédito de ellas y de ellos. Decíame sobre esto en una ocasién un prelado grave de cierta religión: Admirados nos tienen los mision'cros de escribir tan disconformes los unos de los otros: unos diciendo que se hace mucho fruto y que son necesarios más obreros, y otros que no se hace ninguno, qu'e es perder tiempo y que les enviemos orden para volverse a los conventos; con que no sab·emos a quién creer ni qué hacer. Y, para. evitar estos inconvenien– tes y los demás que de ellos se originan, los prefectos de las. Misiones habían de prohibir a sus súbditos el escribir de ellas con tal disconformidad. R.. XVIII.-lmporta mucho que los cristianos extranjeros no den mdl ejCm– plo.-Los misioneros que, como en Indias, tienen su ]\/fisión entre los indios, que viven cerca de los españoles y comunican con ellos, han de procurar pre~ dicar a los 'españoles alguna Misión y que vivan muy ajustados; porque con su mal ejemplo puec:ten retardar la conversión de algunos indios y de que otros se adelanten en •el servicio de Dios. Un compañero mío, llegando a L·a– tequizar un indio (qu'e estaba casado con dos mujeres) y a persuadirle que dejase la una, respondió que él sabía que un cristiano español tenia también dos mujeres y que no le quitaba esto el ser cristiano: y no podía sacarlo de aquí por más que le predicaba. Y, por 'esta causa y la de hücerles grandes agravios algunos españoles, suelen los indios aborrecer el nombre de cristia- (17) Io.1:'-IX., XX. :2H. (1S) lo.\X:\"., XIll, 33.
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