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PROBLE!\IAS Ml5IONALE3 237 se ofrecen. Y si sus padres los ven bien vestidos y criados, y que enseñan a los otros, se alegran mucho de esto: y todos cobran más amor a los obreros de Dios y a su enseañnza (14). R.. XI.---Prndencia en publicarles las ob/igaciones.--Aunque sean bien re– cibidos los ministros del Santo Evangelio en las tierras de los infieles han de ser muy cautos y mirados en publicarles las leyes eclesiásticas, disponiendo primero sus ánimos para que las r'eciban y guarden. Algunos, llevados más del fervor que de la prudencia, todas las leyes se las quieren promulgar de una vez, y que no dejen de observar ninguna; y lo que su'elen sacar de esto es que las aborrezcan todas, que no abracen ninguna, que huyan de los misione– ros y que queden con mala fe, peores 'de lo que antes t:staban. Opinión es muy recibida de los teólogos y enseñada de Lugo y de Diana que aun los católicos, que con buena fe obran contra alguna ley, se !•es ha de dejar en ella y en su ignorancia, cuando se juzga con algún fundamento que el sacarlos de ella no ha de servir sin~ d'e que hagan después con ofensa de Dios y condenación de sus almas lo que antes hacían sin tal peligro y sin ningún pecado. Lo primero que les han de ens•eñar los misioneros es la necesidad del bau– tismo, la disposición que se requiere para recibirlo y los preceptos que son ele derecho natural, proponiéndoles cuán conformes son 81 bi'en común y a la razón natural, que dicta que lo que uno no quiere para sí. no lo ha de querer para el otro. Después, poco a poco, se les ha de ir: pr~poniendo los demás mandami'entos, dándoles a entender cuán razonables son y cuán conformes a los de; la ley natural; y cuánto repugnan a éstos sus errores, ritoS1 y costum– bres. Y para que dejen sus viciadas leyes y abracen la de Dios importa mu– cho predicarles repetidas veces d'e la grandeza del premio que espera en el cielo a los que, guardándola, sirven a su divina Majestad en la tierra. Cosa natural es animarse los hombres al trabajo con la esperanza del premio. Y por 'experiencia conocí yo que con ningún sermón se movían tanto los indios como con los que trataban de la eterna remuneración e inefable gloria con que paga Dios nu'estro Señor a quien le sirve, y premia a quien guarda sus santos man– damientos. R.. XII.--Afabilidad con que ha de tratar a todos.-- Para más motivarlos a recibir la doctrina evangélica, a abrazar y guardar la ley de Dios, han de hacer sus ministros particular estudio en mostrarse amorosos y apacibles con ellos y en agasajarlos a todos, y en particular a los niños, que son los idoli– llos de sus padres. Y con 'esto a un tiempo quedan agradecidos y se dan por obligados padres e hijos. Y, en cuanto sea posible sin faltar a Dios, se han de hermanar mucho con ellos, haciéndose del genio de cada uno y todas las cosas para todos para ganarlos a todos. Así lo hizo San Pablo y lo dejó es– crito, para que todos pudies'en seguir su política y tomar su ejemplo. Cum líber essem ex omnibus, omnium me seruum feci, ut piures lucrifacerem. Bt facfus sum ludaeis tanq11am ludaetts, ut ludaeos lucrdrer... Omnibus omnia faclus sum, ut onmes facerem salvos (15). (14) Continúa el cap. XIV con otros 10 doC'umentos o ud.-erteneias, púg. lOH. (15) 1 Cor., IX, rn, 20, 2:.!.
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