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PROBLE'.'v!AS MlSI,);>;ALE'.i 235 de los infieles consiguen el ilustrar su entendimiento con la fe y el captarles la ,,o!untad, como dijo Filón: Si quis pforeis eddiscat linguas, mox probatur ab E'arum peritis, et pro amico agnoscitur (9 1. De Marco Craso r'efiere Vale– rio I\!Iáximo que penetraba cinco lenguas diversas, las más comunes de los griegos, de tal manera que a cada' uno hablaba en su kngua natural, y que con este medio y maña ganó las voluntades de muchos, y que le estimasen y amasen grandemente: Quae rE's maximum ci sociorum amorem conciliavit (10). Y, al contrario, de no apr'ender los 'misioneros la lengua de los infieles se sigue que no hagan caso y se rían de ellos, que no se aprovechen sus almas, que sea¡ vano el trabajo de haber ido a sus tierras y en cargar gravement'e sus conciencias los que no la aprenden por falta de aplicación. En las Indias de Castilla, comúnmente hablando, aun donde no se l'eel la lengua de los in– dios (como en Méjico), hay españoles que saben gran parte de ella, y algunos indios que no ignoran la nuestra y la de las naciones a ellos vecinas. Y por 'este medio se puede ir escribiendo en forma, así los nombres de todas las co– sas como las voces de los verbos de: una en una, por sus tiempos y :nodos. Pero es menester advertir que, al paso que la vayan escribiendo, la han de ir comprobando, para asegurarse si !'es entienden lo que preguntaban o ellos lo que respondían. Y para esto a cada rato de escritura han de volver a pregun– tar lo mismo que escribieron como si no lo hubieran escrito. Y de lo contrario pueden seguirs•e muchos y graves yerros, como la experiencia me enseñó. R.. VII.--No usar intfrpretcs indígenas.--I-I:m de excusar los misioneros cuanto les sea posible el predicar por intérpretes indios o negros; porque sue– l•en decir lo contrario de lo queJ se pretende. Esta advertencia hice yo a cierto misionero estando en la Misión de los indim,, y, llevado de su gran fervor, se puso un día a predicar, por medio de un indio, la creación del mundo. Y, llegando a tratar de los peces, el indio (oyéndolo yo) dijo, no lo que el misionero le decía, sino lo que era error común entre ellos; y fué que la ba– llena había criado todos los peces del mar. Yo prediqué luego lo ,-ontrario, y pude con este y otros ejemplares' sacar este documento y encargarlo a to– dos. Y para que se practique y templen los misioneros en su fervor basta saber que no estamos obligados a predicar las verdades católicas, ignorando el modo para ello, y que lo estamos de no ponernos en p'eligro de enseñar errores en lugar de ellas. ~R.. FIII.-Necesirlad de las re,d11cciones.---Otra cosa muy dificultosa y ne– cesaria 'es reducir a los indios a vivir en lugares formados, haciendo sus ca– sas en puesto a propósito para ello. Es muy dificultosa, porque viven como fieras en los montes, sin política alguna: cuatro, digamos, en una casilla, y otros tantos en otra, media legua de allí; y sienten mucho el dejar sus casas y el vivir al lado d'e otras. Es muy necesaria, porque, de otro modo, ¿cómo se les puede dar la enseñanza y el pasto espiritual que han menester? Pero la gracia de Dios/ lo puede todo, y, teniendo entrada en sus tierras y solici- (H) J'iiil. Iu<laci o¡¡cr. e.rC/J. in lib. Jíoysis, ¡>úg. 252, B. Colonine Allohrognm, lGl;t (10) VAL. l\IAx., Factur1u11 dictornmq,1e mc11wrabili111n /ibri IX. In lih. Y1II, ca,– pítnlo YII, púg. 312. Lipsiae>, is::o.

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