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PROBLEMAS MISIONALES 233 libro primero (págs. 1-150) exhorta vivamente a los sacerdotes a gue se: de– diquen al ministerio apostólico, dándoles sapientísimas normas para ejercerlo con fruto de sus almas y del prójimo. En el libro segundo (págs. 151-240) trata del celo que debemos tener todos por la salvación de las almas. En el libro tercero (págs. 241-597) inserta 15 sermones que sirven para dar Misio– nes. En los capítulos XI y XII (págs. 85-103) da 20 avisos generales a todos los misioneros, tanto entre cristianos como entre infieles; e11 los capítulos XIII y XIV (págs. 103-119) pone otros 20 avisos o reglas para los misioneros en– tre infieles, qu'e son las que reproducimos, a continuación (1). Monvo DE ESCRlllIRLA.S. "Algunos que desean ir a tierra de infieles a sacrificar en servicio de nues– tro Señor su vida por la salvación de las almas me han pedido para l:'Ste fin algunos documentos. Y, atendiendo a darles gusto, lo tuve de escribirlos. Y para asegurar más el de Dios y el provecho de las almas de los prójimos, sin detrimento de las suyas, han de observar lo que en¡ los dos capítulos an– tecedentes se dice tocante a esto; y singularmente en no tomar empresa tan grave sin ser muy llamados de Dios para ella, y aprobada su vocación por sus padres espirituah:s. R. I.-lvlisión entre herejes y judíos.--Esto supuesto, si la vocac1on es para hacer Misión entre herejes, judíos u otros semejantes infiel'..:s, que de– fienden sus errores con argumentos sofísticos y con escrituras siniestramente int'erpretadas, es preciso estar muy leídos en la Sagrada Escritura y en ía genuina explicación que le dan los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, en particular en la que se funda nuestra santa fe, y en la que ellos tienen mal ent'endida. Y también han de llevar consigo y tener muy bien vistos al– gunos¡ libros que tratan de esta materia y traen argumentos contra los errores de los opuestos a nuestra santa fe, y, aun estando bien en esto, a veces jm– porta no argüir en público con los ministros de las sectas, sino a solas; por– que, cuando se ven convencidos, por no qu¡,Jar avergonzados delante de los que siguen sus errores y falsa doctrina, meten el pleito a voces, y con \:llas dan a entender a la plebe que ellos lo ganaron y que quedaron victoriosos. R. Il.-Discrecióll erz los argumentos.- También han de atender mucho a que los argumentos vayan aco1'.1pañados de tf'mplanza, de modestia y amor, procurando con éste dar a entender que el gue tienen a sus almas les hace tomar aquel trabajo, y qu'e no buscan con él vencerlos, cerno a enemigos, sino sacarlos de sus errores y del camino del infierno, como muy amigos. Este aviso es del máximo Doctor de la Iglesia San J eré'nimo: Non ad uasario vicloriam, sed contra mendaciwn quaeramus veritatem (5). (4) Capítulo XIII, pt'igs. 10:l-lOD. Conscn-amos l'l mismo tPxto <kl autor. Rúlo cambiamos la ortografía y algunas palabras anticuadas. Para mayor facilidad ponPmos los epígrafes Pn las rPglas, los ernll<'s no se ('Il<'UPntran en Pl libro. (5) A.ilrer. l'elrgian., l. T, H. 21, :U. P. L., tomo 23, col. GltJ. París, lS!:í.

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