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PROBLEMAS MISIONALES 231 grandes peligros y sacrificios de todo género, logrnndo convertir príncipes y vasallos al cristianismo. Cuando la Misión prosperaba los enenugos emp'ezaron a sembrar cizaña y los misioneros fueron falsamente acusados de apóstatas.. El nuncio exigió que volvieran a España algunos para defender su causa. Convinieron todos en designar al padre Carabant•es para que viniera a la Península a fin de so– segar la tempestad que se había levantado para frustrar los frutos de la l'vli– sión. Hizo la travesía en pleno invierno, padeciendo peligrosas tormentas, die las cuales la divina Providencia le salvó. Desembarcó en Cádiz y pasó luego a Madrid, mostrando al nuncio los despachos que traía de la Congr'egación de Propaganda, de los prelados .de la Orden y del Consejo de Indias. Cono– ciendo el nuncio la malicia de los acusadores y la inocencia de los misioneros l'e <lió la razón y prometió hacer justicia. Embarcó de nuevo para la l'vlisión, donde le recibieron sus hermanos con júbilo, dando gracias a Dios, porque les había librado de las maliciosas estratagemas de los adversarios. Vuelve otra vez a los caribes, quienes l'e recibieron como a su padre y pastor. Los príncipes o caciques de las regiones convertidas y los religiosos de la Misión le nombraron embajador ante d Papa y le entregaron los despa– chos necesarios para que en su nombre prestara a Su Santidad y a la Iglesia romana rendida obediencia y sumisión. En 1666, después d'e tierna despedida, partió para Roma, llegando con mucho trabajo a Cádiz, dirigiéndose luego a Sevilla y Valencia, donde embarcó para Livorno, desde cuyo• puerto caminó a pie hasta la Ciudad Eterna. Hechas con diligencia todas las nee'esarias ges– tiones, leyó ante el Vicario de Cristo, Alejandro VII, un elegantísimo discur– so en latín, explicando los trabajo5, progresos de la Misión, el objeto d'e su embajada, prestando luego la obediencia en nombre de los dnco reyezuelos o caciques. Gozoso el Pontífice de los triunfos de la Misión, le regaló inm•ensa cantidad de reliquias Y: piadosos objetos para los caciques y sus vasallos. De– jando a Roma regresó a pie hasta Livorno, embarcó pma Génova; desde aquí por mar se dirigió a Almeria y luego a Sevilla, donde se 'encontraba el padre provincial. Su intención era volver a la Misión de Venezuela; pero, solicitado por varios obispos, se detuvo en España, dando Misiones en Granada, l'viálaga, Casar'es, Marbella, Gaucín, Estepona, Sevilla, Iznalloz, Moníegicar, Colome– ra, Ecija y otros pueblos de Andalucía, haciendo frecuentes prodigios e in– menso bien en las almas. Tres años llevó recorriendo las regiones andaluzas y su fama de apóstol ya se había ext'endido por toda la Península. El obispo de Orense, con recomendación de la reina regente, Ivlargarita de Austria, le pidió a los superiores para que fuera a dar Mision'es en su diócesis. Acce– diendo los superiores, se dirige a pie a Galicia, predicando en los pueblos por donde pasaba, hasta que el 12 de noviembre d•e 1669 llegó a Orense, predi– cando la Misión con extraordinario fruto. Luego es pedido por otros pueblos de Galicia, dando Misiones en Verín, Alleriz, Caldelas y otras villas, obrando maravillas por todas partes. No obstante los muchos achaqu•es que padecía, con obediencia del padre general pasó a dar Misiones a Tarazona, Tudela y Pamplona. Desd•e Nava– rra volvió de nuevo a Galicia, desde esta región a Andalucía, movido siempre por el celo de las almas y el mérito d'e la obediencia de los superiores. Solí-

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