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224 P. PÍO DE MOl'iDREGANES mismo d•e algunos pueblos representa los seres unidos y dependientes de un espíritu benéfico o maléfico, al cual se ofrecen sacrificios y se elevan ora– ciones (17). El animismo, bajo diversas formas, estaba muy difundido entre los anti– guos egipcios, babilonios, griegos, romanos, indios y chinos. En la actualidad persiste en varias islas' de Oc'eanía, Indonesia, Indochina, Africa, Madagascar, algo en América del Norte y más frecuente en América del Sur (18) . Para conocer si un pueblo esr fetichista o animista es necesario hac'er un estudio profundo acerca de la concepción que tiene de Dios o de un Ser Su– premo. Limitándonos solamént'e a los negros de Africa, en ninguno de los va– rios clanes se encuentra una representación material de Dios. Se pueden con– sultar los testimonios de L. Wilson (19), A. Le Roy (20). D. vVestermann y otros qu'e pasaron parte de su vida entre ellos /21). v. MANISMO. Con la palabra "manes" los antiguos romanos designaban las almas de los difuntos que habitaban en la tumba y salían, de cuando en cuando, a vagar entre los vivos sobre la superficie de la tierra. Más tarde se usó el término en significación de parientes. En tiempo de Augusto los poetas y los 1 historia– dores representan a los manes como las almas de los antepasados. La prác– tica de la apoteosis favoreció a identificat1 los manes con los héroes. Hoy día el mar.ismo, en Etnología, se usa para designar 'el culto o veneración que se tributa a los muertos. El manismo es como una parte del animismo, en cuanto se restrina-e al culto de los antepasados. "Para el negro--<lice el padre L•eclerq-no existen más leyes que sus tra– diciones ancestrales, cuya transgresión no tiene tampoco más sanción que el castigo automático infligido por los manes de los antepasados" (22). Podemos decir que los mU'ertos mandan a los vivos. Los jefes muertos, dice M. Henri A. Junod, son los dioses de la nación. Lo que ellos hicieron es lo que ahora se debe hacer; la conducta que ellos observaron es ahora la norma suprema; lasi tradiciones qu'e legaron a sus sucesores constituyen la única religión y mo– ral de estos pueblos. Las costumbres transmitidas desde tiempos prehistóricos son leyes inmutables. Contravenidas sería un atentado, un sacrilegio, un cri– men de lesa divinidad (23). Entr'e los malgaches de Madagascar ia voluntad de los difuntos es la ley suprema, tanto más sagrada cuanto más lejos se pier– de en la obscuridad del pasado (24). (17) l'AVE:STI, o. C., pág. 446. (18) ScorrI, o. c., pág. 208; Scm,IlllT, o. c., púg, 1:l3; M. Sc1n;r,1E;';, s. v. D., Forme di religione e pratiche affini presso i poz¡oli di natura, Pll Cfuida delle Missioni Cattoliclie, pág. ü62-G24, !loma, lHM. (lH) rVestcrn Africa, its Jiistoru, Condition anél Prospcct, Londres, 1856. (20) Ln Religion des Pri111itifs, París, 1911, 2.• ed. (21) Cf. l'AVE;';TI, o. c., púg. 447. (22) Ilens0igne111ent religieux, en Compte rendu de la quatrit\me Semaine de Mis– siologie, pág. 69. (2:l) Cf. R. ALLIER, o. c., tomo I, págs. 138-l:l9. (24) Dunorn, Les obstaclcs li l'npostola.t, en <.Jompte rendu de la septieme Se• maine de ]lissioloyie, pág. 80.

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