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222 P. PÍO DE MONDREGA;s;Es ejemplo: al totem se le d•ebe respetar, no se le puede damnificar, matar o co– mer. Los matrimonios', deben verificarse fuera de la parentela totémica (exoga– mia). Las relaciones entre los prom'etidos en algunas tribus son muy libres, eri otras están sujetas a tabús extrnvagantes. Un ejemplo típico. "Entre los juin de Nueva Gales del Sur ~stá prohibido que el yerno se atreva a mirar a su suegra, y, si ésta es tocada por la sombra del yerno, hay ya causa sufi– ciente para el divorcio. En otras partes, si el yerno halla a su suegra por un camino debe huir o echars•e al suelo con la cara contra la tierra. En las tribus que habitan, las orillas del río Hunter, en Norteamérica, condenaban a muerte al infeliz yerno que osaba dirigir h palabra a su suegra" (8). Aunque no todos los autores concuerdan con la interpr'etación totémica, sin 'embargo, hoy se defiende comúnmente que el totemismo tiene un carácter más bien mágico que r•eligioso. Se respeta y se protege al totem, pero no se le da culto propiamente dicho. El totemismo está difundido en América septentrional. y en algunos gru– pos de la América central y meridional, en Nueva Guinea, Australia, Indone– sia, entr•e las tribus dravidicas ,de la India y en algunas zonas del Africa ne– gra, como entre los bantúes y sudaneses (9). Falta mucho por explorar todavía en el campo del totemismo en cuanto a la moralidad, al culto y a las interferencias entre fenómenos totémicos y otros f'enómenos etnológicos, económicos, sociales, intelectuales y emotivos de los respectivos clanes, tribus y familias (10). El estudio y la observación de losi misioneros pueden aportar nuevas con– tribuciones etnológicas y religiosas en este campo. Con delicada táctica y opor– tunas declaraciones podrán d'emostrar las vanas creencias del totemismo, par– ticularmente si no reviste carácter religioso. III. EL FETICHISMO. Fetiche viene de la palabra portuguesa feiii.;o, derivada, a su vez, del latín f actitius, que signifü:a sortil'egio, maleficio, encantamiento, magia, amuleto, etcétera. Fué usado por los portugueses al ponerse en contacto con los negros de Africa occidental para designar objetos muy variados como dientes, plu– mas, colas, conchas, cuernos, hierros, bastones y otras muchas cosas, a las cuales los indíg'enas ofrecían dones, sacrificios, actos de veneración para ob– tener ayuda y favores. Autores muy respetables como A. Glyn Leonard (11), P. Amaury Talbot (12) y otros afirman que el culto tributado a todos esos objetos o fetiches es un culto relativo y no va dirigido al elem'ento en sí mis– mo, sino en cuanto es un símbolo que representa las divinidades de las fami– lias de los antepasados, de las comunidades o tribus. Esta forma d'e venera– ción, generalmente, no se encuentra en los pueblos de cultura: muy primitiva, (S) Cf. ,T. M. U.\TIKT.\ Y UoDA, Las razas humanas, tomo I, púg. 00, Barce– lona, 1928. (9) Cf. ScoT'rr, o. c., púg. 206. (10) Cf. (i. SCHMll)T, o, c., púg, 180. (ll) 1'he I,ower Niger and its 1'ribes, Londres, 1906. (12) 'l'he l'eovles of Ro11thern 1\-·igeria, Oxford, 1926.
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