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PROBLEMAS MISIONALES 221 tiguo Testamento la encontramos condenada< contra los egipcios (1). Los h•e– breos reprueban esta degradación del sentimiento religioso y condenan a muer– te a los hechiceros (2). La aV'ersión perdura en el Nuevo Testamento (3) y en toda la tradición, particularmente en la Edad lvledia. La moral católica prohi– be la coumnicación con el diablo y el pretender causar efectos que realmente sup'eren a las fuerzas de la naturaleza. Generalmente no ~e enouentra sola, sino unida o mezclada con el totemis– mo y otras creencias religiosas. En algunos pueblos influye mucho en la vid.:i privada y pública; en otros está menos acentuada. lVIás débil en los etnológi– camente más antiguos, como los pigmeos y pigmoides. El desarrollo mayor aparece en las tribus de la caza adelantada o totémica. Los misioneros deben estar muy atentos en la distribución d'e objetos pia– dosos, a fin de que no sean considerados como objetos mágicos. Lo mismo se requiere en el uso prudente y discreto de algunas. invocaciones y titos sacra– mentales. En las regiones donde dominan los hechiceros, el misionero no po– drá hacer nada de sólido y durable si no procura ganar a éstos, qu'e dominan y sublevan las tribus por temor de perder el lucro temporal. Son necesarios tiempo, paciencia y prudencia para luchar y combatir con– tra la magia y supersticiones tradicionales. "En Orient'e-dice el misionero capuchino. padre Damián de Reumont--las costumbres están íntimamente li– gadas a la religión, y la religión invade la vida familiar, social y política" (4). Los malgaches de Madagascar poseen una mentalidad prodigiosam'ente supers– ticiosa y la preocupación dominante del culto de los muertos. Nada de tem– plos, ni de culto social aparente, ni de sacerdocio organizado; una cr'eencia en Dios difícil de descubrir y mucho más difí.::il de precisar; pero, en cambio, todas las variedades posibles de prácticas ridículas y de vanas observan– cias" (5). Las teorías mágicas buscan una forma religiosa preanimista y tienen nu– merosas variantes. Acerca de sus autores, tendencias y valores pu·ede con– sultarse el padre G. Schmidt (6). II. EL TOTEMISMO. Con la magia frecuentemente se mezcla también el totemismo, que consiste en la creencb de que algunos grupos sociales (familias, estirpes, tribus, da– nes) están en íntima relación con cierto género de animales[ o vegetales. El totemismo se presenta bajo formas sociales muy complejas. La fecundidad y prosperidad del totem tienen influencia sobre el bien'estar del clan. A veces llegan a creer que el animal totémico es el verdadero origen o cab'eza del grupo humano (7). Suelen existir también algunas prohibiciones (tabús). Por (1) E.roll., VII, 11; Sav., XVII, 7; Dan., I, 20. (2) Exoll., XXII, 18; Lev., X...."{, 27; I>eut., XVII, 9-14. (;l) A.et ., VIII, 9; XIII, 6; VI, 10; XIX, 19. (4) Le catholicisme anx Inlles en l!Jfudes Pranciso&ines, 1936, tomo 48, púg. 22. (5), Cf. Dunorn, Obstacules a apostola,t, en Gomvte rell1i lle la sevtiilme Sennaine lle llfissiologie, púg. 79, Lovaina. (6) Jlanuale di Storia c01nvarata delle Religioni, parte III, cap. X. (7) P. ScOTTI, Etnología, pág. 204, l\Iilún, 1941.
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