BCCCAP00000000000000000000392
218 P. PÍO DE MONDREGANES sino con la ley de Cristo, para ganar a los qut están sin ley; me hice con los débiles débil, para ganar a los débile~; me he hecho todo a todos, para de todos modos salvar a algunos" ( I Cor., IX, 19-22). La doctrina de San Pablo ha sido repetidas veces enseñada y practicada por la Iglesia, como lo asegura el Romano Pontífice Pío XII tn su reciente Encíclica misionera EPangelzi Praecones, donde, entre otras cosas, dice: "Ha sido norma sapientísima seguida constantemente desde ·d principio de la Igle– sia que el Evangelio no tiene por qué: destruir lo que hubiere de bueno, de hon•esto y de llebo en la índole y en las costumbres de los vmios pueblos que lo habían abrazado. La Iglesia, al conducir a los pueblos a una civilización más elevada bajo el influjo de la civilización cristiana, no se comporta como quien abate una selva lujuriante sin ninguna distinción, sino más bien como quien injerta nuevos sarmientos sanos en vieJas cepas para qu•e puedan, a su tiempo, producir frutos más exquisitos y delicados. La naturaleza humana, aunque viciada por el pecado original, conserva todavía un fondo natural– mente cristiano (d. TERTULIANO, Apologet.. cap. XVII; lvIL., I, 377 A), que, iluminado por luz divina y plasmado por fa gracia, pu·ede ser elevado a ejer– citar tales actos de virtud que merezcan la vida eterna. Por eso la Iglesia no desprecia ni rechaza completamente el pensamiento pagano, sino que más bi•en, después de haberlo purificado de toda escoria del e,ror, lo completa y lo perfecciona con la sabiduría cristiana. De la misma manera ha acogido con benevolencia el progreso en el campo de las ciencias y de las artes, que 'en algunos lugares alcanzó cumbres verdareamente subli– mes, y lo perfeccionó diligentemente, ensalzándolo hasta la altura de la be– lleza acaso nunca superada. Y ni siquiera suprimió del todo las costumbres y las antiguas instituciones d•e los pueblos, sino que, en cierta manera, las con– sagró; las mismas fiestas paganas transformadas sirvieron para celebrar la m•eµioria de los mártires y los divinos misterios" ( Evangelii Praecon·es. Cf. A. A. S., 1950, tomo 43, págs. 521-522). Y en el discurso que dirigió a los representantes ci'e las Obras Misionales Pontificias en el año 1944, entre otras cosas, les decia: "El misionero es el apóstol de Jesucristo. No tien'e el oficio de transplantar la civilización europea a las tierras de lvlisión, sino de hacer que aquellos pueblos que acaso se enor– gullecen de culturas milenarias estén prontos y aptos para acoger y asimilarse los elementos de vida y de costumbres cristianas que tan fácil y naturalmente concuerdan con toda sana civilización y confieren a ésta la felicidad humana. Los católicos indig•enas deben ser verdaderamente miembros de la familia de Dios y ciudadanos de su patria terrena" (A. A. S., 1944, pág. 210). Es evidente que toda causa eficiente, a excepción de la creadora, debe adaptarse a la materia sobre la cual trabaja. La causa 'eficiente de las lvlisio– nes, después de Dios, son los misioneros que obran sobr~ un mundo no cató– lico, para hacerlo miembro del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Ahora bien, ¿cómo se ci'eben comportar los misioneros de Cristo ante la di– versidad de creencias, de costumbres, de sistemas sociales, de concepciones jurídicas, de gustos artísticos, de formas arquitectónicas, de usos indumenta– rios y d•ecorativos y de otras manifestaciones de la vida individual y colectiva que encontrarán en las diversas regiones adonde van a evangelizar?
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz