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3. LA ADAPTACION MISIONERA. La palabra "adaptación" está de moda. Se aplica a los más variados cam– pos de la actividad humana. En la literatura misionera abundan publicaciones d•e este género. Los últimos Pontífices, en sus Encíclicas misioneras y en sus alocuciones, no cesan de exhortar a los misioneros para que respeten las per– sonas y las culturas indígenas. No será, pues, inútil recordar a nuestros lec– tores las enseñanzas d'e la Iglesia sobre el problema de la adaptación. La Iglesia fundada por Jesucristo es una, santa, católica y apostólica, cuyo Jefe Supremo es el Romano Pontífice, Vicario de Cristo en la tierra y suce– sor de San Pedro. El catolicismo 'es idéntico y universal en todo el mundo. Profesa los mismos dogmas, enseña la misma moral, se gobierna por las mis– mas leyes fundamentales, dispone de los mismos medios, de santificación. Múl– tiples son los lazos de unidad cri5tiana, como dice San Pablo a los ef'esios: "Un solo cuerpo y un solo espíritu. como también fuisteis llamados con una misma esperanza de vuestra vocación. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, que actúa por medio de todos, que habla en todos" (Eph., IV, 4-6). Esto no obstante, el catolicismo tiene manifestaciones peculiares en cada país. En cada zona racial existen. más o menos pronunciadas, diferencias ac– cidentales, costumbres secundarias, tonalidades diversas, polarizaciones va– rias, capaces para formar una fisonomía distinta con características especiales. La Iglesia católica, sin perder nada de substancial y divino, sabe adaptarse a todas las sociedades y civilizaciones 'en lo que tienen de sano y vital. Ella es hebrea, griega, romana, africana, indiana, japonesa, inglesa, germana. fran– cesa, italiana, americana, espaíiola, belga; en una palabra, INDÍGENA, sin estar limitada por fronteras ni por lenguas, continuando siendo sobrena(~ional y ecuménica. La Iglesia, conservando intacta la fe, puede adaptars::: a las costumbres de todas las gentes, aceptando todo lo bueno que en ellas 'existe. San Pablo es– cribía a los de Tesalónica: "Probadlo todo, quedaos con lo bueno" (I Thcs .. V, 21); y a los dei Filipo: "Por lo demás, hermanos, cuantas cosas haya ver– daderas, cuantas decorosas, cuantas justas, cuantas reputadas, si alguna vir– tud hay, si cosa digna d'e alabanza, tales cosas pensad" (Phil., JV, 8). El apóstol de las gentes no sólo enseñó la sana adaptación, sino que él mismo la practicó C!li su apostolado, conforme asegura a los de Corinto: "Porque, es– tando yo libre de todos, a todos me esclavicé para ganar a los demás. Y me hice con los judíos judío, para ganar a los judíos; con los qu'e están bajo [a ley, como quien está bajo la ley, para ganar a los que están bajo la ley; con los que están sin ley, como quien está sin ley; no estando sin ley de Dios,
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