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216 P. PÍO DE MONDREGANES Y a en su tiempo lo advertía San Francisco Javier: "Es un error creer a los bárbaros fáciles de convertir, y cuanto más bárbaros son, más dificultad en– cuentran para aprender y seg,uir la senda de la virtud" (3). La conversión; su– pone desnudarse del hombre viejo para revestirse del nu'evo, según el Evan– gelio. En el hombre primitivo, dice el padre Dufonteny, lo mismo que en, todo hombre, existe el mismo obstáculo para la conversión, obstáculo que no es sino una consecuencia del pecado personal: la ignorancia, el miedo a la ver– dad y sobre todo la triple concupiscencia, enemiga de la ley moral impuesta por Dios (1). En Madagascar, en Zambeza, en Tahití, tn las islas Fidji, dice Allier, a la invitación a la conversión los paganos contestan siempre con la misma excusa: La religión católica es demasiado difícil (5). Si a las dificultades personales se añaden las dificultades proveni'entes de la tradición, del ambiente social, de la prohibición de las leyes civiles, como en el mahometismo, la separación d'e las castas, de lai familia, pérdida de la herencia, castigos, etc., entonces aumentan los impedimentos. (3) A. Bnou, f:/. Franr;ois Xavier, Conditions et nu,tlwdes de son apostolat, vúgi– na 42, Bruges, 125. (4) G. DUFOX'l'E.\--Y, J,a métl101le rle l'ernnoélisation chez les 11011-cirilisés, en Biil– letin des Jlissions, rn:m, tomo X, vúg. 2G. (5) O. c., tomo J, pág. 143.
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