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2. PSICOLOGIA DE LA CONVERSION La conversmn de las almas es un hecho sobrenatural 'en eI cual :ntervie • nen dos causas eficientes: la gracia dii•ina y la coo{'craciún humana. Por parte de la gracia no hay problema. Ella puede derribar ele! caballo a Saulo en el camino d•e Damasco y convertirle de perseguidor de los cristianos en vaso de elección y apóstol de las gentes. Pero no es ése d modo de obrar de la Pro– videncia. Dios quiere y exige la cooperación humana. La obra de la conver– sión •es una obra divina y humana al mismo tiempo. Pides ex a11ditu. Dios co– municó sus poderes a los apóstoles y les dió eI mandato de evangelizar. La I:Jlesia misionera es el medio de que Dios se sirve para la conversión. Los misioneros son los instrum'entos humanos que deben allanar los caminos, ori– llar las dificultades, vencer las resistencias, disipar los prejuicios, reformar las ideas y las costumbres. Los misioneros son los conquistadores pacíficos del reino de Dios. Para conquistar las almas de los infieles tropiezan con mu– chos obstáculos 'exteriores e interiores. Tienen que ponerse en inmediato con– tacto con ellos, superando no pocas dificultades, arrancando errores, supers– ticiones, idiosincrasias, hábitos morbosos, vicios congénitos y adquiridos, p2r– sonales y nacionales. El misionero tiene que eliminar de sus inteligencias cre'encias erróneas y sustituirlas por otras nuevas; imponer a su voluntad la renuncia absoluta a las costumbres viciosas, obligándol'es a aceptar nuevas nunca vistas u oídas. Para considerarlo todo en una frase histórica qu'e, según refieren, San Remigio dirigió a Clodoveo: Quema lo que adoraste; adora lo que quemaste. "Convertir--dice Allier-es cambiar toda la orientación de una conducta y de los motivos que la inspiran; es ll•egar a ser una nueva, criatura" (1). Di– ríamos con Ortega y Gasset: es un súbito cambio del centro rde gravedad en un alma que hasta ahora gravitaba hacia un ideal y de pronto se polariza íntegramente hacia otro, acaso opuesto (2). Hay qu'e darse cuenta de que d alma del infiel adulto no es como la de un niño, virgen de¡ creencias y de vi-– cios; no es un papel en blanco, donde se puedan 'escribir' a 'placer las verdades religiosas; es como un viejo palimpsesto, donde se< hallan escritos, unos sobre otros, viejos dogmas y tradicionales costumbres de pretéritas culturas. Para grabar 'el Evangelio es necesario bo!:rar antes todas esas viejas escrituras. No es problema tan fácil como se cree. Tarea capaz de arredrar a los valientes. (1) Il .. \Ú, Au,rnR, Lrr I'sycltoloyie de la Conrersion, tomo I, ea¡i. I, púg. 24, Parot, París, lfJ2::i. (2) Teol'Írl de A.ndalucía y otros ensayos, en Re1:ista de Oceidente, pág. 42, l\Ia• drid, JD,H.
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