BCCCAP00000000000000000000392
PROBLEMAS MISIONALES 155 Entre los defensores de esta opinión se pueden citar el padre Manna (26), Scavizzi (27), Cataneo (28 1, Amendola (29), César Vaca (30), X. Paventi (31) y otros muchos. He aquí algunas de sus razones: a) El sacerdote debe seguir a Cristo. Se consagra para continuar su obra redentora. ¿Por qué exigir una nueva vocación en quien ya siente la sacerdo– tari Basta comprender a fondo la naturaleza/ dd sacerdocio integral. Non sunt multiplicanda entia sinE' necessitate. El sac 1 erdote católico lleva consigo la mi– sión redentora de Cristo, de quien es ministro. En este argumento podemos distinguir dos cosas: vocación misionera en un sentido lato y vocación misionera en un sentido estricto (32). Concedemos de buen grado que todo sscerdote, en virtud de ordenación sacerdotal, debe ser el continuador de la misión redentora de Cristo; qu'e debe sentir el espí– ritu misionero como un deber; que debe tener ardientes deseos de la salva– ción de las almas y trabajar para) que el reino de Cristo se extienda por todo el mundo. Puede y debe amar las l\lisiones, rogar por las Misiones, trabajar por las Misiones en la enseñanza, en la predicación, en la prensa, en el con– f•esonario. en la parroquia, en los Seminarios, en los centros docentes, en su actividad y piedad sacerdotales. Aún más: si puede, debe también cooperar materialmente con limosnas, con aportaciones, dando sus cosas y la actividad de su persona en favor de las Mision'es. Su oración, s.u celo, su trabajo, su caridad deben revestirse de un espíritu católico, universal, misionero. Pero todo eso lo puede, realizar sin ir a los cnmpos de Misión; sin s 1 er en– viado por sus superiores; sin haber visitado ninguna lVHsión; sin haber ins– truído o convertido, directamente a 1()1 menos, a ningún infiel; sin haber fun– dado ninguna comunidad cristiana. Muchos santos y santas tuvieron verda– dero espíritu misionero y nunca fueron misioneros en el sentido teológico y jurídico de la palabra. Santa Teresita del Niño Jesús tuvo un gran espíritu misionero y nunca salió del claustro carmelita de Lisieux. b) Jesuctristo impuso a los apóstoles y a sus sucesores el precepto de pr•edicar a toda criatura y evangelizar al mundo. Luego los obispos, junta– mente con los sacerdotes, sus cooperadores en el ministerio, tienen ya la vo~ cación misionera comunicada por el mismo Salvador. El precepto de evangelizar fué dado directamente a los apóstoles, y a sus sucesores; indirectamente a los sacerdotes y fieles. En el sentido\ de que éstos están obligados a cooperar y ayudar a aquéllos. Pero no se sigue por eso que tengan vocación misionera, es decir, que todos tengan que marcharse, a Mi– siones entre los acatólicos y ser enviadc's a primera línea en el ejército mi– sionero. (2G) Cf. ro,.azione ,¡;/Íssionaria, púg. :m y sigs., Roma, 1040. (27) Ibíd., púg. :n. (W) Jbíd., púg. 22. (2!l) Iliíd., púg. G5. (30) La rornci,ín sacerdotal-misionera, en illisiones Bxtranjeras (Burgos), II, n. :1, Hl4D, púgs. G4-77. (:ll) Jianuale di Jlissionologia, tomo I, púgs. :n1 y sigs., Roma, 1949. (:)2) l''arn evitar equívocos, lo c¡ne algunos llaman vocación misionera en el sentido lato nos parece mejor llamarlo esJ)irit1i misfonero, que se debe dar en todo cristiano, religioso y, a fortiori, Pll Pl sacerdote.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz