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154 P. PÍO DE MONDREGP,NES el término nus10nero en un sentido amplio que equivale a decir que lodos debemos tener el espíritu misionero? Todos tenemos que rogar, que sacrifi– carnos, que coop'erar, que trabajar por las l\,lisicnes. Todos debemos, de un modo o de otro, cooperar a la dilatación del rebo de Dios. Todos debemos exclamar: Adveniat rcgnum tuum (24). Y en este sentido muy lato podemos decir que todos ten·emos vocación misionera. lvle parece que sería más exacto afirmar que todos debemos f.ener es,píritu misionero. 2. Vocación mL~ionera en sentido estricto.--La vocación misionera es el acto por el cual Dios llama a det•erminadas personas al apostolado entre los acatólicos. o sea, es el ejercicio del apostolado en alguna de sus formas en tierras de Misión. Los operarios evangüicos que trabajan en el campo estrictam'ente misio– nal pueden ser sacerdotes, religiosos y seglares. "Esta vocadón misionera puede coincidir en un mismo sujeto con la vocación sacerdotal y la religiosa. Puede uno tener vocación de misionero, y no de sac•erdotP, y al revés. La vo– cación misionera nos la imaginamos más plena en aquellos que han recibido las Ordnes sagradas; pero no por eso deja de ser aut{-ntica la vocación mi– s101z.era del hermano o religiosa, y aun del seglar, aunque carc.zcan de la dig– nidad sacerdotal" (25). ¿Los heraldos del Evangelio que consagran su vida al apostolado en tierra de Misiones tienen n'ecesidad de una vocación misionera especial? ¡,Tienen que ser llamados por Dios para ese apostolado de propagar la fe y plantar la Iglesia por todo el mundo? ¿Se da la vocación misionera especial en los misioneros auténticos que trabajan len los territorios considerados jurídica y teológicamente campos de Misión en el sentido estrecho de la palabra? Para mejor resolver la cuestión distinguimos tres categorías: sacerdotes, religiosos y seglares. l. Saccrdotes,--No hay duda que se exige una vocac10n especial para el sacerdocio. Ninguno debe abrazar el estado sacerdotal si no es llamado por Dios y por la; legítima autoridad. Ahora bien, ¿en la vocación sacerdotal va ya incluida la vocación misionera? Todo sacerdote, en virtud de su ordena– ción, ¿es ya misionero en el sentido estricto de la palabra? ¿Todo sacerdote por su misma dignidad es también misionero7 He aquí la cu'estión. Acerca de ella hay dos opiniones: afirmativa y negativa. Oponión a[irmativa.-Un gran número de escritores contemporáneos sos– tienen que toda vocación sacerdotal lleva consigo la misionera; que no s'e da aquélla sin ésta; que todo buen sacerdote se debe sentir misionero, o, por lo menos, dispuesto a ser de hecho misionero si el prelado le envía. Que el sacerdote no necesita una vocación especial misionera esencialmente distinta de la sacerdotal. Algunos de los que identifican la vocación mision'era con la sacerdotal conceden diferencias accidentales, algunas variantes secundarias, y consideran la vocación misionera sólo como una ampliación o una perfección de la sacerdotal. (24) 1faTTII., VI, 10. ,2fí) M. LAGUARDIA, La rocaewn 1111swnera a la lttz del Nuevo Testamento y de la 'l'eología, en MisionPs I•JxtranjPras, Burgos, julio-diciembre de 1944, pág. 40.
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