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PROBLEMAS MISIO~:ALES 153 turaleza, lo es también de la gracia. En el orden sobr'enatural llama diversa– mente a los hombres. Queriendo la salvación de los hombres, a todos llama a la fe, a la gracia y a la vida eterna. A todos llama para que se incorporen en su Gu'erpol Místico, que es la Iglesia. Pero en la Iglesia de Cristo hay muchas categorías y variedad de estados y oficios necesarios para el buen funciona– miento de este reino sobrenatural y universal. En ello 5e distinguen algunas vocaciones como son la sacerdotal, la vocación aí estado religioso y la voca– cióa misionera. Acerca de las vocadones sacerdotales y religiosas se ha es- - crito mucho, no así de las vocaciones misioneras, cuya naturaleza intentamos analizar ahora. Análisis de la vocac1on mi!':ionera.---A simple vista parece una cosa muy sencilla, pero en realidad 'es compleja por los elementos divinos y humanos que en ella se encierran. Con fervor subjetivo se afirman cosas que a la luz de la Teología no s'e pueden sostener. En primer lugar preguntamos: ¿Tienen los misioneros necesidad de una vocación misionera? ¿Es menester que sean llamados por Dios a ~se aposto– lado especial? ¿Todo sacerdote, en virtud de su ordenación sacerdotal. es tam– bién misionero? ¿Todo religioso, por su profesién a un estado d•e perfección, es también misionero? Aún más; ¿Todo cristiano, por su incorporación al Cuerpo 1-listico de Cristo en el bautismo, se puede llamar misionero? Para evitar confusion•es en la terminología es necesario distinguir lo que es voca– ción misionera en un sentido lato y en un sentido estricto. l. Vocación misionera en sentido lat,J.---Jesucristo dejó en testamento a su Iglesia el mandato categórico de predicar el Evangelio a toda criat,ura (20). La Iglesia por su naturaleza es católica y debe extenderse por todo el mundo. Esa es su funcién primordial. Conservar, afianzar, defender y nutrir en la fe a las almas que la tienen: y extenderla a las qll'e todavía están fuera del redil. "La Iglesia---dice Pio XI--no tiene< otra razón de existir sino la de hacer par– tícipes a todos los hombres de la Redención salvadora por m•edio de la dila~ tación por todo el mundo del reino de Cristo" (21). En este sentido toda ia Iglesia es misionera. Como dice San Agustín: "Tata Ecclesia praedicat Christum" (22). Esa obligación abraza a toda la jerarquía y a todos los fieles. Todos, según su posibilidad y categoría, deben ser mision'eros: Pontífices, obispos, sacer– dotes, religiosos y cristianos. Dios llama a todos a la grandiosa empresa de la conversión del mundo infiel. Unos predicando y otros cooperando ten'emos el deber grave de ser misioneros. Nada más apto que el dogma de la comu– nión de los santos para inculcar convenient•ernente al pueblo cristiano la uti– lidad y la importancia del deber misionero (23). Los Pontífices 'exhortan a to– dos los fieles a ser misioneros. ¡Con cuánta mayor razón se debe inculcar esta grave obligación a los religiosos y sacerdotes! Pero¡ ¿quién no ve que en estas y otras muchísimas expresiones se toma 120) :\Ic., XVI, 15. (21) Cf. Rer11111 Bcelcsiae, .l. A.. S .. 1!l2(i, tomo XYIII, púg. (i;i. (22) :\l.L. :n, 1243-1244. (23) Cf. Eva11gelii Praecones, A . . -1. 8., ltl:íl, tomo XLIII, pág. 528.

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