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148 P. PÍO DE MONDREGt.NES de. operarios idóneos. Después de veinte siglos que lleva de existencia la Igle– sia se podrían repetir con verdad las palabras del divino Redentor por !a desproporción que perman'ece entre el número de los obreros y de la mies. Los misioneros de todos los continentes pueden repetir todavía el grito del varón de Macedonia al apóstol de las gentes. Dicen los Hechos de los Apóstoles de San Pablo que en su segundo viaje misionero el Espíritu Santo l'e prohibió predicar en Asia y pasando de largo por Misia bajó a Troade. "Por la noche tuvo una visión. Un va!'ón macedonio se le puso delante, y, rogándole, decía: Pasa a Nlacedonia, y ayúdanos" (4). De todas partes del mundo misionero llegan las voces d•esgarradoras pidiendo más ayuda y más operarios para extender y cultivar el reino de Cristo. Los Sumos Pontífices se han hecho eco de estos clamores, y han exhorta– do continuament'e al aumento de las vocaciones misioneras. Benedicto XV, en la Encíclica Maximum illud, dice: "Quien considere tantos y tan rndos tra~ bajos sufridos en la propagación de la fe, tantos afanes y ejemplos de invicta fortaleza, se admirará, sin duda, de que, con todo, sean todavía innumerables los que yacen en las zinieblas y 'sombras de mrrerte, ya que, según las esta– dísticas modernas, no baja aún de mil millones el número de los infieles" (5). Exhorta a la cooperación misionera y a la formación de los misioneros y cul– tivo de vocaciones: "Missionalium paucitati medendum est: quae cum ante-a non exigua esset, summa iam facta est confecto bello, rtt mu/ti Dominici ngri partes a cultoribus vacent" (6). Con semejantes palabras el Pontífice de las Misiones, Pío XI. decía bajo la cúpula de San Pedro el día de Pentecostés de 1922: "Mucho se¡ ha hecho y mucho se lw obtenido, muchas almas se han salvado, mucha gloria se ha dado a Dios. Mas ¿cuántas son las almas que todavía se pierden. cuántas por las cuales en vano se derramó la sangre del Redentor? Son masas profundas de pueblos, éan profundas como el Contim•nte negro, cuanto las inmensas re– giones de la India y de la China; son esas masas que esperan todavía la pa– labra de salvación. Los misioneros de Propaganda, cor: sus guías; los obispos, los coadjutores, los catequistas, los religiosos y las vírgenes misioneras con– sagradas a Dios, toda la milicia santa de Dios está allí, delante de esas ma– sas; pero el número de los operarios es insuficiente y faltan medios. ~Pen– sad! (7). Ya miremos la infinita extensión de las regiones que todavía no se han abierto a la cultura cristiana. ya el inmenso número de los que están privados hasta hoy de los beneficios de la redención, ya las necesidades y dificultades: con que tropiezan los misioneros, se V'e que deben aumentarse los esfuerzos de los obispos y de todos los católicos para que crezca y se multi– plique •d número de los embajadores de Cristo. El glorioso Pontífice Pío XII, "con profundos gemidos del corazón suplica al Espíritu Santo que se digne ¿1brir pronto las vías de la saluación a esa gran multitud de hombres oprimi– dos por la esclavitud de la idolatría y encadenados en los antiguos errores, haciéndoles participantes de nuedra esperanza y de nuestra gloria. "f,/lientras (4) Act., XVI, 9. (5) Jlarimum illud, A . • L S., 1919, tomo XI, págs. 441-442. (6) Ibíd., pág. 452. (7) Cf. A.. A. 8., 1[)22, tomo XIV, pág. 346.

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