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darnos ánimo en la realización de los planes de Dios, descu– biertos y profesados en la generosidad y en la esperanza. Nazaret es la escuela de las virtudes humanas en su esta– do puro de inocencia y simplicidad de la infancia. Es el reco– nocimiento de la fragilidad de los propios fallos, de los errores del pensamiento y del corazón con la naturalidad con que lo hacen los niños. Este espíritu de infancia es el que añora Pablo VI, en su alocución de Nazaret: '•¡Cómo ser otra vez niños y volver esta humilde pero sublime escuela de Nazaret! quisié– ramos volver a empezar, a María. nuestra inicia– ción a la verdadera ciencia de la vida y la más alta sabiduría de la verdad divina 1•• Y Nazaret es la escuela de la vida. María cumple con nosotros a perfección las funciones maternales, pero en un grado más sublime y más bello. Ella nos forma en el "ordo amoris", nos recrea el corazón puro de los buenos sentimien– tos, de la ciencia de compartir, de la comprensión y del des– vivirse por Jesús y por los hermanos ... 185

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