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con los planes providenciales de Dios. De tejas abajo. no ha tenido la oprtunidad de hacer nada brillante y llamativo. Es una esposa laboriosa y fiel, con una capacidad inmensa de amor, de entrega y de ternura. Cumple a la perfección sus fun– ciones maternales, con un cariño que es verdadera adoración. En rigor, es la única mujer en la historia de la humanidad que puede "adorar" y llamar "divino" a su Hijo, que es su Dios... La idealización excesivamente pietista corre el riesgo de desnaturalizar a la familia de Nazaret. Y el peligro es tan grave que ya no sería la familia "piloto" por su ejemplaridad, sino que se desentendería de los afanes. de los problemas y los dolores y gozos de la familia humana. Y no es así: en Nazaret había sudor y virutas, trabajo duro y fatigas. Y el niño era un aprendiz de carpintero. el hijo del carpintero... Es un niño adorable, pero es niño de verdad, un niño ver– dadero. Semejante a nosotros en todo, menos en el pecado. En su tierna edad se sirve del instinto y de los gestos instintivos para expresar sus sentimientos. Mira y suplica con la mirada el regazo o los brazos de la madre. Vive las experiencias de la infancia con absoluta naturalidad. Y hace esas preguntas geniales de los niños inteligentes cuando empiezan a descu– brir el universo mágico de las cosas sensibles, entre la sor– presa y la admiración. Sigue el proceso evolutivo normal en las diversas etapas de la existencia infantil. María es la primera formadora ejerciendo de madre. Guía los primeros pasos, torpes, inseguros y vacilantes del peque– ño. Le dicta plásticamente los balbuceos del lenguaje, le des– cubre las cosas y el nombre de los seres de la creación. La madre es estímulo y animación en el maravilloso mundo de la infancia. Y el niño se siente importante y, por un sentido con– génito de "mimetismo", quiere parecerse en todo a su madre. Jesús es, de verdad, un vivo retrato de María en la cara, en la sonrisa, en los gestos expresivos. María lo ha moldeado a su imagen y semejanza. El niño tiene -como se dice en el espa– ñol castizo del pueblo- "la pinta". "el deje" de la mujer ben– dita que le dio el ser. Progresivamente, el Niño se va haciendo más intuitivo y observador. 180
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