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con imágenes y efectos sonoros. Y son las fotos de un ser humano en un álbum impresionante de pujanza, de evolución, de vida. Es un ser humano integral con la morfología y la estructura del género humano. Y es un ser viviente, con un derecho inalienable a la vida. Es un ser con código genético propio, distinto, con su sello de identificación "personal'". Decirnos que esto ya no es una teoría: es un "hecho". una "evidencia", un documento experimental. Por eso, el aborto es un crimen en todos los supuestos, en todas las circunstan– cias, en todos los sistemas. Y es un "crimen abominable" que no es comprensible, ni siquiera imaginable en una considera– ción simplemente humana. Sólo una cultura de la muerte puede caer en aberraciones irracionales de este tipo. Matar a un niño a sangre fría es demencial y descubre la fea catadura humana, la perversión ética y la basura moral de los forajidos del crimen. Matar con manifiestos de "progre– sismo" es una burla y un sarcasmo. El aborto es un regreso a la barbarie, al salvajismo primitivo, a las cavernas y a las gua– ridas de las alimañas. Y esta calificación ética -sencillamente humana- no es obra de puritanos o de gente ignorante. Es la opinión de los portavoces más eminentes y egregios de la ciencia en todos sus ramos: la biología, la medicina. la jurisprudencia, las ciencias morales y la psicología experimental. En esta noche de pesadilla y de terror de la "cultura de la muerte" se elevan las protestas más airadas desde la "cultura de la vida". Es reconfortante el testimonio personal y colecti– vo de estos grupos de la ciencia y del honor, con sus "enmien– das a la totalidad" del criminal "Proyecto de ley del gobier– no". Repulsa enérgica porque el aborto constituye una grave conculcación de los principios deonto!ógicos básicos. Repulsa airada. porque el aborto provocado no es un ''acto médico": el médico interviene para salvar la vida o mejorar la salud, para prevenir la enfermedad o curar al enfermo. Todo lo contrario de lo que se intenta con el aborto provocado. Los médicos. profesionales de la vida. no quieren ser "ejecutores" de la muerte. 173

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