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Herodes, el tirano, estaba inquieto, con el pensamiento lleno de dudas y de embravecido mar turbado su mal corazón. Con el tiempo se iban confirmando sus sospechas: los magos se habían burlado de él. Y en una crisis de despecho, resenti– miento y revancha recurrió a la forma más brutal de la vio– lencia: ordenó la muerte del niño. Mateo nos deja una radiografía de gran rigor psicológico: ··Entonces Herodes. al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo. según el tiempo que había averiguado de los magos..." El plan turbio de Herodes era pasar al niño por las armas. Pero los planes de Dios triunfan siempre de la intriga de los poderosos. Dios velaba por la vida del Niño y avisó en sueños a José del peligro y le indicó el camino de la defensa: "Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; allí estarás hasta que te avise. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle. Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre. y se retiró a Egipto; y allí estuvo hasta la muerte de Herodes; para que se cumplie– ra el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo''. Es en la noche, con la madre y el niño dormidos. La Virgen María se despierta y el corazón se le llena de angustia cuando recibe la noticia ingrata: el niño corre peligro porque Herodes va a buscarlo para darle muerte. La espada de 169
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