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transfigura cuando anuncia proféticamente que el Salvador va a salvar a muchos. Queda dicho que no creo que Jesús haya sido el personaje más odiado. Lo que afirmo con un revuelo de campanas de gozo es que Jesús es la figura de la historia que más ha sido amado. Ha sido y sigue siendo amado con el amor más fuerte, mús entrañable, más apasionado. El amor más grande es ·'dar la vida" por el amado. Y los que han derramado su sangre por Jesús forman legión y figuran en el cuadro de la salvación con el signo del martirio en sus manos. Lo han amado hasta el "escúndalo y la locura de la Cruz·· los que se han abrazado a la cruz como único motivo y título de gloria, los que han quemado su juventud y su vida al ser– vicio de la causa de Jesús y de su Evangelio. los que han encarnado en su vida el mensaje de Las Bienaventuranzas. los que le siguen adondequiera que vaya. Jesús ha sido puesto como salvación para los fervorosos practicantes de la compa– sión, de la fidelidad y el amor. Lo más original de Jesús es su actitud y su comporta– miento con los pecadores. El fin de la Encarnación en esta economía concreta ele gracia es la salvación del pecador, el hombre integral corno objeto de salvación. Se encarnó en las entrañas purísimas de María "por nosotros los hombres y por la causa de nuestra salvación". La historia de los "conversos" es un desfile de casos fascinantes cuyo denominador común es la vehemencia, el apasionamiento. la apuesta a sangre y fuego por Jesús. Es una cuestión de amor y de lealtades al amor: "se le ha perdonado mucho porque amó mucho". "Una espada te traspasará el corazón". El padre y la madre del Niño estaban admirados por lo que el ''honrado y piado– so" Simeón decía de Él. Ahora se dirige a María con una pro– fecía preocupante sobre el destino futuro que le espera. No es el anuncio de un dolor o una prueba a plazo fijo. No se deter– mina la clase de pruebas que herirún su sensibilidad. Todo queda en las zonas del misterio, como un presentimiento, en una situación de inquietud dolorosa y permanente, en un pro– ceso de fe que va madurando la personalidad de la Virgen. El tiempo irá descubriendo de un modo progresivo el filo de la espada. 163

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