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144 PILAR MARTINO ALBA Recordemos que san Jerónimo escribió, durante el proceso preparatorio para la traducción de las Sagradas Escrituras, textos paralelos que hoy día podríamos considerar como material propio de las memorias de traducción o también de las fichas terminológicas que un traductor puede confeccionar en el desarrollo de su tarea traductiva. Esos textos debido al patrón de los traductores, Jerónimo de Estridón o san Jerónimo, fueron: Cuestiones hebreas sobre el Génesis , Libro sobre las cuestiones hebreas, Libro sobre los nombres hebreos y Libro sobre los lugares. Una de sus fuentes fue la obra Liber interpretationis hebraicorum nominum del filósofo judío Filón, quien había tratado de buscar una correspondencia y armonización entre los grandes filósofos griegos y las enseñanzas del Pentateuco. En esa labor preparatoria, recurrió a la traducción libre de un diccionario de nombres hebreos (Herrera García 2004, pp. XIX-XX). El propio san Jerónimo escribiría lo siguiente en el prólogo al Libro de la interpretación de los nombres hebreos : Se ha comprobado también mediante el testimonio de Orígenes que Filón, varón hebreo muy erudito, publicó un libro sobre los nombres hebreos y agrupó sus etimologías por orden alfabético. Como todos los griegos lo leían y había llenado las bibliotecas del mundo, me dediqué a traducirlo al latín. Sin embargo, encontré ejemplos tan discordantes entre sí y un orden tan confuso que juzgué que sería mejor callar antes de escribir algo digno de reproche […] movido por la utilidad del propio asunto, examiné uno por uno los volúmenes de las Escrituras por orden e instaurando el viejo edifi- cio con una nueva atención […] tengo ahora entre manos los Libros de las Cuestiones Hebreas, una obra nueva e inaudita hasta ahora tanto entre los griegos como los latinos […] si alguno quisiera tener no sólo aquellos, sino también este volumen, y además el Libro sobre los lugares que voy a publicar […] (San Jerónimo 2004, p. 121). El uso de textos paralelos en el proceso traductor, o bien, la elaboración de memorias de traducción y fichas terminológicas a raíz de las investigaciones rea- lizadas como paso previo de análisis del texto a traducir, es común a todos los tra- ductores que abordan textos de una alta especialización temática. Así, ese paso dado por el patrón de los traductores, lo seguirían a lo largo de la Historia otros muchos escritores y traductores de textos religiosos. Cuando fray Reginaldo de Lizárraga escribe el libro de las Concordancias , otros ilustres dominicos le habían precedido en esta labor filológica y exegética, tales como: el cardenal Hugo de San Caro, Juan de Derlington, Ricardo de Stebanesby y Hugo de Croydon (siglo XIII), Conrado de Halberstadt (siglo XIV), Juan de Ragusa (siglo XV). A partir de la publicación de la Biblia Clementina 4 en la imprenta de Cristóbal Plantino en Amberes, en 1599, el libro de las concordancias que se toma- ría como base y texto para las dudas en torno al significado de términos y nom- bres sería Concordantiae Bibliorum juxta recognitionem Clementinam. La escritura de estas obras que podríamos calificar de diccionarios especializados implica no sólo una extraordinaria competencia filológica y teológica, lingüística y temática 4 Decreto de publicación: 9 de noviembre de 1592.
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