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110 CRISTINA NAUPERT Sin embargo, la idea de Nóbrega de mandar «meninos da terra» formados en la colonia a Europa no solo recibe aplausos. Así, el P. Luiz da Grã rechaza la pro- puesta de Nóbrega de plano, aduciendo en primer lugar motivos económicos, pero se puede inferir sin demasiadas dificultades que su postura negativa se debe sobre todo a la incomprensión de la labor educativa del padre Nóbrega y sus compañe- ros (Leite, 1940, p. 102-112). También el obispo Sardinha (un enemigo acérrimo de Nóbrega que fue devo- rado más tarde por los indios) expone duras críticas y numerosos reparos al pro- yecto de formación de niños-»línguas». Rechaza sobre todo el procedimiento de confesar a la gente de la tierra a través de «meninos da terra, feitos a nossa mão». Frente a los ataques, el P. Nóbrega se defiende siempre argumentando que puesto que no hay suficientes padres que sepan bien la lengua indígena para atender las confesiones, hay que recurrir a los niños predicadores porque nadie debe quedar fuera del sacramento por no saber la lengua (carta de 1552 de Nóbrega, reprodu- cida en Leite, 1940: 29-33). A pesar de las críticas y los incontables problemas que supone la administración de los colegios-internados en el territorio recién conquistado, el padre Nóbrega se muestra en casi todas sus cartas muy orgulloso del trabajo de los suyos y de los avan- ces conseguidos, a pesar de los obstáculos y las dificultades tan grandes que tienen que superar constantemente y a las que alude también a menudo en sus misivas. 5 7.4.2 La intermediación cultural y lingüística a manos de intérpretes «línguas» Como ya mencionamos con anterioridad, el cuerpo de intérpretes o «línguas» de los jesuitas en Brasil se componía principalmente por dos tipos de integrantes: por una parte, los «senhores da fala» entre los propios misioneros, y, por otra, los intérpretes formados en los colegios (tanto niños y adolescentes indígenas como portugueses). En este contexto puede resultar bastante ilustrativa la descripción pormenorizada que nos ofrece el padre Nóbrega de una intervención especial- mente exitosa de un intérprete a su servicio, al que alaba mucho, pero cuyo nom- bre, por desgracia, no menciona 6 (Nóbrega, 1886, p. 67; carta IV de 1549). La intermediación de este intérprete talentoso tiene lugar a raíz de un duelo ver- bal entre Nóbrega y un hechicero («pajé») que termina con el indígena pidiendo el bautizo y abjurando de todas sus «creencias equivocadas»: Procurei encontrar-me com un feiticeiro, o maior desta terra, ao qual chama- van todos para os curar em suas enfermedades; e lhe perguntei em virtude de quem fazia elle estas cousas e se tinha communicação com o Deus […] ou acaso se communicava comoDemonio […]? Respondeu-me compouca ver- gonha que elle era Deus e tinha nascido Deus […] Esforcei-me vendo tanta blasfemia em reunir toda a gente, gritando em altas vozes, mostrando-lhe o 5 En repetidas ocasiones alude en sus cartas a problemas disciplinarios que se producen en la convivencia, menciona con tris- teza las fugas de adolescentes nativos que prefieren dejar el colegio para volver con sus familias en las aldeas. Asimismo, se queja de la falta de personal docente y de apoyo, de graves problemas logísticos para asegurar la alimentación en los colegios, la falta de higiene, las enfermedades, etc. 6 La «invisibilidad» del traductor-intérprete y la omisión de su nombre, por lo tanto, parece que es algo endémico en los pro- cesos de intermediación lingüística desde sus inicios.
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