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107 7. El jesuita Nóbrega y las culturas tupíes del Brasil los padres Pero Correia y Leonardo Nunes. Pero por otra parte sirven asimismo niños indígenas como «línguas» o intérpretes que habían adquirido la suficiente destreza en portugués, la lengua de la metrópoli, gracias a su formación en los cole- gios jesuitas (cf. Moreau, 2003, p. 61; Duhá Lose/Romanelli, 2015, p. 27). Es bastante probable que la relación ambigua del padre Nóbrega con los indios brasileños se deba en parte a estos problemas comunicativos y la falta de interre- lación lingüística directa con los nativos. En sus cartas se puede observar muy bien esta ambigüedad: Nóbrega pasa del optimismo desmedido y de la euforia de los primeros años en la colonia a un desengaño poco disimulado en sus últi- mos años que quedan empañados por una visión mucho más pesimista de la gran empresa misionera impulsado por él mismo al mando del desembarco jesuita en tierras brasileñas. Casi desde sus primeras cartas, el padre Nóbrega defiende a los «brasís» (así suele llamar a los indígenas) y a la vez crítica duramente algunas de sus costum- bres como la antropofagia, la obediencia al «pajé» (hechicero) o «karaíba» (pre- dicador ambulante), la poliginia, la desnudez y la afición desmedida al «cauim» (una especie de líquido fermentado con propiedades euforizantes parecido a una bebida con un alto grado alcohólico). Con hechuras de un antropólogo aficionado observa y analiza sagazmente las relaciones entre las diferentes tribus indígenas (muchas veces enfrentados entre sí a muerte), entre nativos y colonos y el compor- tamiento poco ejemplar de estos últimos en relación con los valores cristianos cuya defensa era esencial e inapelable en la encomienda misionera del jesuita Nóbrega. 7.3. La empresa misionera entendida como tarea educativa Para profundizar en la interesante figura del padre Manoel da Nóbrega debe- mos asumir de entrada que en el centro de su pensamiento estaba anclada la fuerte convicción de que solo se podía entender su empresa misionera como tarea educa- tiva. Es decir, la evangelización de la población indígena (sobre todo de la infantil para abrirse así camino hacia los adultos) se interpreta como un larguísimo camino pedagógico que los jesuitas querían y debían recorrer mano a mano con los nati- vos. Pero esta empresa misionera a la vez incluía la faceta de «re-educación» de los colonos en los que Nóbrega observaba no pocos comportamientos impropios de cristianos bautizados y educados en la fe desde siempre. 4 Para el estudio del legado intelectual del padre Nóbrega nos hemos centrado sobre todo en sus Cartas do Brasil (sobre todo en las numerosas misivas escritas en la primera etapa entre 1549 y 1560) y en diversos comentarios sobre estas fuen- tes primarias (cf. Moreau, 2003; Alves, 1948; Correia, 1949; Leite, 1953 y 1955; Jae- ger, 1949; Ferreira, 1953 y 1957; Morães, 1940). También debemos mencionar que el jesuita fue autor de otras obras catalogables dentro de los géneros poéticos-di- dácticos. Suyos son dos diálogos edificantes e instructivos que siguen las pautas generales de este género tan típico del humanismo erasmista: el Diálogo do Padre 4 Pueden servir como ejemplo, entre muchos otros, las cartas III (1549), VI (1550) y VII (1551). En estas cartas, Nóbrega no solo comenta y critica el comportamiento «salvaje» de bastantes colonos, sino también «as maus costumes dos clérigos» (las deplorables costumbres de los clérigos).
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