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256 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA jurisdicción, suspendí la visita de dicha provincia de Cumaná por anti– cipar tiempo a la de esta provincia, cuyo remedio en la presente diferen– cia más instaba. En cuya consecuencia, penetrando más de cincuenta leguas de pe– nosos caminos por la provincia de Cumaná, llegué al río Chuparipar, en unas falcas, bajeles destroncados, hice la navegación y peligrosa trave– sía de las Bocas de los Dragones y llegué al Puerto de España, principal de la isla dicha de la Trinidad, de donde me conduje a esta ciudad de San José de Oruña; y, habiendo convocado al pueblo el primer día festivo que fue el día 17 del mes de febrero, abrí la visita eclesiástica, haciendo leer el edicto general de pecados públicos y demás comprensivos de visi– ta, que continué y perfeccioné en correspondencia de los jueces y justi– cias de V.M. Visité la iglesia, la cual, habiendo hallado indecente y medio arrui– nada y la nueva que se había comenzado a reedificar muy en sus prin– cipios, y que, por la falta de medios, no puede en breve concluirse, deter– miné que se hiciesen eficaces instancias en la ciudad de Santa Fe de Bo– gotá para recaudar la limosna que V.M. a este fin había librado en aquellas reales cajas, que hasta el presente no se ha hecho efectiva en el todo sino solamente en la cantidad de 1.423 pesos, siendo el todo tres mil y quinientos pesos, que legó D. Francisco de Zúñiga en su testamen– to. Apliqué 150 pesos de mis pobres rentas, dejando orden para que el Vicario de esta ciudad, no bastando estas cantidades para la perfección de dicha fábrica, como lo espero, por la carestía de materiales y víveres, que hiciese repartimiento entre los parroquianos con intervención del gober– nador y que, concluída dicha obra, con la misma intervención ajustase y liquidase las cuentas del mayordomo para su aprobación, encargándole la mayor justificación y celo en ellas ... Visité los pueblos de San Agustín de Arauca y San Pablo de Taca– rigua y Cuara de indios napuyos de la real corona, que están erigidos en doctrina de la real corona . . . Pasé a los pueblos de Guairía y Sabaneta, que está en encomienda de Padres Capuchinos por falta de sacerdote seglar y otras razones que tengo expuestas a V.M. por consulta separada; visité sus iglesias, alha– jas y ornamentos. El de Guairía de 238 almas, confirmé noventa. El de Sabaneta, 225, conferí la sagrada confirmación a los 82, encomendando todo celo y vigilancia al P. Manuel de San Feliú y Fr. Raimundo de Vi– llafranca, que son los religiosos capuchinos que cuidan de dichos pueblos.

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