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234 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA Con esto es evidente que rarísimas veces ha logrado el síndico de esta misión entera la anual contribución de estas limosnas. Algunos años ha logrado la mitad y no ha sido poco; en otros años, muy poco, y en algunos, no pocos, nada, sin embargo de las varias cédulas de pago que se han expedido para esto a instancias de los misioneros, a quienes respon– den los contadores de Caracas, donde está la asignación de la paga, que las reales cajas de aquella ciudad no pueden llevar las cargas que tienen impuestas. Si tan escasos han sido los sínodos para el sustento y manutención de los misioneros, es visto más lo habrán sido los demás subsidios preci– sos para entradas o sacas de los indios, erección de pueblos e iglesias y lo demás anejo. Solamente hallo que el año mil setecientos sesenta y cua– tro se lograron ornamentos para siete iglesias, esto es: un cáliz, un mi– sal, una campana y a proporción lo demás correspondiente para cada una, y algunos años antes se habían logrado también algunas casullas , cálices y campanas, pero lo demás , para proveer a tantas más iglesias, se ha sacado de la dicha masa común, como también lo necesario para resar– cir lo que en dichas iglesias y las demás el uso y el tiempo van gastan– do, y también para añadir en algunas de ellas ternos para la solemnidad en los días que corresponden, y doblados ornamentos para decir dos o más misa a un tiempo, cuando se ofrece. Pero, aun supuesta la dicha economía de vivir de común y la parsi– monia de nuestro victo y vestido, es para asombrarse el considerar los muchos gastos y pocas entradas de dinero que ha habido en esta conquis– ta espiritual. La entrada solamente que V.C.M.R. hizo a la Parime para visitar, acariciar y atraerse los ánimos de los indios de nuestro cargo, a ocho de febrero de mil setecientos setenta y dos, sin poder hacer otra cosa que plantar allí la santa cruz, costó 354 pesos, digo trescientos cin– cuenta y cuatro pesos, sin lo que se gastó del hato en propia especie, co– mo carne salada, cueros , etc., y sin los gastos ordinarios de casabe, arroz, etc., para tanta gente, que es preciso que acompañen, de regalar a los indios nuevos y de retribuir a los que acompañaron a VV. CC. RR., y de dar algo a los milicianos que los escoltaron. Es verdad que ésta ha si– do una de las entradas más costosas por haber sido la más dilatada, pues duró cinco meses y fue menester buscar embarcaciones que hubo de cos– tear nuestro síndico, pero también es cierto que las otras han sido me– nester para la fundación y establecimiento de tantas poblaciones. Sáquese de aquí por mayor la cuenta de lo que habrá costado la for– mación de los pueblos, el habilitar a los indios de herramientas para hacer
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