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232 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA a estos gastos, pues acá sólo hay los indios y algunos otros españoles, y otros tan pobres que más presto vienen a que les demos alguna limos– na que a dárnosla. Antes que el ganado diese de sí algún producto para el sustento de los misioneros e indios, fue menester que unos y otros pasasen mu– chos años con mucha estrechez, y los misioneros con lo que lograban con el trabajo de sus manos y con lo que a veces les ofrecían voluntariamen– te los indios, que no era poco cuando llegaba a ser un morrocoy o ga– lápago, un pedazo de venado u otra pieza de cacería. Después se dio licencia a cada misionero para que matase en su pueblo un novillo al año en el día de la fiesta del titular, hasta que el año mil setecientos cuarenta y ocho se dio licencia para que matasen cuatro novillos al mes; después de haber pasado veinticuatro años en la referida penuria o poco menos. No daba por entonces otra utilidad el ganado, y los cueros que podían dar alguno, se empleaban en sogas y petacas y otros utensilios; el sebo, el jabón y velas, que no era poco el tenerlo. Al mismo tiempo que acordaron nuestros fundadores poner el hato para sustento de la provincia, determinaron también guardar la obser– vancia de la vida común en cuanto fuese posible, en las circunstancias de haber de estar separados en los pueblos para mayor utilidad de las almas. Para esto les inspiró el Señor que dispusieran que el síndico hi– ciese un globo de todas las limosnas gratuitas y onerosas y de cuantos haberes el celestial Padre de familias enviase a esta su pequeña fami– lia, y que ninguno de los misioneros tuviese cosa alguna sino lo que les agenciase el síndico y repartiese el R. P. Procurador con orden del M.R.P. Prefecto, y que, si por otro conducto les viniese algo a los particulares, lo hiciesen despositar a la dicha masa común. A esta masa común se agregan los tales cuales productos del hato y de ella se han sacado y sacan los gastos para fomentarlo, como dije arriba. De dicha masa común que podríamos llamar Monte de Piedad, a no ser tan pequeña, se saca también lo preciso para el sustento y ves– tuario de los misioneros, para las entradas o sacas de indios, erección de iglesias, ornato y dotación de vasos sagrados, para fundación, conserva– ción y aumento de pueblos, vestuario de indios, herramientas para sus trabajos y otros gastos anejos y necesarios. Con estos subsidios del hato y masa común fueron y vamos traba– jando los misioneros, rompiendo imposibles, penetrando malezas y mon– tes, recogiendo indios, fundando pueblos, haciendo iglesias y proveyendo

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