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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN GUAYANA 231 otro igual número la Venerable Comunidad de RR. PP. misioneros de Píritu para ayuda de costos de la conducción. Pudo conseguirse ésta, mediante Dios, por montes hasta entonces no penetrados, por sabanas y ríos de difícil y arriesgado tránsito, en que se consumieron treinta días hasta llegar a las orillas del río Orinoco, y, perdiéndose muchas al pasar este caudaloso río, sólo se lograron algu– nas pocas, que quedaron esparcidas por esta sabana al solo cuidado del que apacienta los animales, Dios con su infinita providencia, sin que hubiera por entonces otro que tuviera algún cuidado de este ganado casi perdido. Con estas solas reses se plantó el hato que en el día de hoy es el sus– tento de esta misión. No tuvo otro principio esta finca necesaria para la conquista y permanencia de esta provincia, ni después se le ha jun– tado porción alguna de ganado, que haya sabido. El aumento se lo ha dado Dios que lo da a todas las cosas y, como ésta era especialmente dirigida a su divina gloria y al bien de las almas, se ha reconocido como visible la vigilancia de este sumo pastor guardan– do dicho ganado y aumentándolo en tan cortos años y de tan cortos prin– cipios, entre tigres, caimanes, culebras, gusanos, murciélagos y demás plagas que consumen otros más numerosos que éste y más atendidos en lo natural. Los medios humanos que con el Señor han cooperado a esta obra, son la aplicación que ha puesto nuestra Comunidad, destinando, pasado algún tiempo, un misionero, cuya solicitud, después de la principal de las almas, sea la de beneficiar el ganado con los indios de un pueblo dedica– do a la Divina Pastora que, como solícita apacentadora de las almas, atiende a sustentar los cargos y los medios proporcionados para ello. Y, aunque los indios de las demás misiones o pueblos ayudan también a cuidar el ganado, pero todavía es poco respecto de los de dicho pueblo, pues unos y otros se quedan siempre muy cortos según lo que requería el negocio, porque la natural desidia y poca instrucción de los indios no los habilita bastante para este arte que requiere mucha economía y tra– bajo; con que siempre hemos de quedar resolviendo que quien princi– palmente cuida de esto, es el Señor y su divina Madre Raquel, la más hermosa. Los gastos que han sido precisos para dar alguna retribución a los trabajadores y mayordomos seculares, que los gobiernan en lo tocante al manejo del hato, se han sacado, como todos los demás, de la masa común de la misión, de la cual hablaré luego. Nadie más ha contribuido
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