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230 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA la cacería, se habían de quedar luego las gentes sin proporcionado y su– ficiente alimento, lo cual, a más de aumentar las enfermedades y muer– tes, había de imposibilitadas también el vivir en pueblos, con lo cual se habían de ver atajados los fervorosos deseos de los obreros evangélicos. En este atolladero se atascaron los once que vinieron en el año mil seiscientos sesenta y cuatro, que es el primero de que damos noticias, aunque escasas, por un antiquísimo manuscrito que se guarda en el Ar– chivo de esta misión. Fueron estos obreros cuatro Jesuitas y un Domi– nico, un Candelario o Agustino Calzado y cinco clérigos, los cuales sucesi– vamente fueron ministros de la santa iglesia de la Antigua Guayana, la cual, por su pobreza y por no contener sino cortísimo número de almas, no se pudo erigir en curato hasta después de trasladada en el si– tio de la Angostura. En el año mil seiscientos ochenta y dos vinieron dos Capuchinos catalanes y tampoco éstos ni otros posteriores pudieron adelantar cosa alguna, hasta que en el año mil setecientos veinticuatro, habiendo llegado a esta provincia seis Capuchinos catalanes, es a saber, los PP. Tomás de Santa Eugenia, Ex-Lector de sagrada Teología, Fray Diniosio de Barce– lona, Fr. Bruno de Barcelona, Fr. Benito de Moya, Fr . Agustín de Olot y Fr. Eugenio de Barcelona, sacerdotes todos y predicadores, tuvieron Capítulo y eligieron en Prefecto al R. P. Fr. Tomás de Santa Eugenia, y, deliberando todos sobre los medios que habían de tomar para que tu– viese efecto la conquista espiritual a que habían venido, imploraron, y con razón, el divino auxilio para el acierto que de otro modo era im– posible. Con luz de lo alto repartió el nuevo Prefecto los cargos entre sus compañeros, dirigiéndolos a que cada cual luego formase un pueblo de indios, mientras él desempeñaba la empresa más difícil de todas y la más necesaria en lo humano, que fue disponerles una finca que diese de co– mer en adelante a toda la provincia, y para esto, siguiendo el espíritu de nuestras Ordenaciones generales confirmadas con real cédula, con– formándose también con la de cinco de agosto del año mil setecientos y dos, fue a la provincia de Cumaná a buscar unas reses vacunas con que fundar un hato, de cuya carne se pudieran alimentar los indios que se re– dujesen a poblarse. No sin especial providencia de Dios, acompañado de sucesos al pa– recer prodigiosos, llegó el dicho R. P. Tomás a la ciudad de Nueva Bar– celona el año de mil setecientos veinticinco, y la caridad del Sargento mayor D. Francisco Figueroa le proveyó de sesenta reses, y contribuyó
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