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MISION DE. LOS CAPUCHINOS EN GUAYANA 225 Estos son, señor, los únicos sacerdotes que hay en esta isla y, si no fuera por estos Capuchinos y el capellán que llevo referido truje en mi compañía, se hallaba totalmente exhausto de pasto espiritual. Todo esto tengo representado al Padre Obispo, pero, como hay mucha distancia de esta isla a la de Puerto Rico y de una a otra ninguna correspondencia en derechura, no ha dado providencia; aquí dejó edictos puestos para que, si había quien se opusiese así al curato de esta ciudad como a los de los indios y Guayana, que también se halla sirviendo en aquella igle– sia un Capuchino a ruego y encargo de este gobierno, y a la hora de ésta, no ha aparecido opositor alguno. Yo, señor, era de sentir se mantuviesen aquí dichos Padres Capu– chinos formando en los cuatro pueblos de Naparima un hospicio, con la obligación de cuidar de todos cuatro pueblos y proveer a Guayana, y que saliesen de él algunos religiosos a fundar misiones en ella, que con este medio no dudo se lograría la real voluntad de V.M. y lo que tanto desean estos indios, la asistencia de Capuchinos, que no hay que admi– rar, pues los han criado y reducido y, por fin, son quien les entienden el idioma por la aplicación y estudio que tienen en aprenderla para sus reducciones, en lo que no han pensado ni piensan los clérigos, que es gran dolor, porque los pobres indios no se pueden confesar los más sino es por intérprete en caso de necesidad. Dichos cuatro pueblos se hallan muy destituidos después que los dejaron los Padres Capuchinos que los fundaron, según me he informado, motivado todo por falta de quien les administrase el pasto espiritual. El clérigo que llevo referido, cuida de los dos pueblos: no está capaz para poderlos asistir porque tuvo la des– gracia de haberle quebrado una pierna un caballo, de lo que ha estado más de dos años padeciendo y sin poderse mover; ya, gloria a Dios, se halla para poder asistir a los de un pueblo, aunque con mucho trabajo, pero con el otro no puede cumplir, si bien es verdad que de cuatro en cuatro meses llama al Padre que se halla en el hospicio de esta ciudad pa– ra que vaya a hacer algunos bautismos y velaciones, pero, como éste no se puede detener más que tres o cuatro días, se quedan aquellos indios con este desconsuelo, y me claman. Yo los tengo consolados diciéndoles doy cuenta a V.M. y que no duden de la gran benignidad y el amor que les tiene, ha de dar sus reales órdenes para que les vengan Padres, con lo que viven esperanzados como yo; porque discurrir vendrán por parte del Padre Obispo de Puetro Rico, lo dudo mucho respecto de la inopia de sacerdotes que estoy informado hay en este obispado, y demás a mas no saber el idioma de indios por cuya causa no se pueden cargar del go-

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