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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN GUAYANA 219 también conoce, es el haber de mantenerse apartado de nosotros 80 le– guas, que son las que hay desde Guayana a la Trinidad, y sin tener quien le pueda dar los santos sacramentos al menos en el peligro de la muer– te. Me parece también de la ocasión presente hacer memoria a V.S. Ilma. lo cuán impracticable es de que los cuatro pueblos de Guairía, Sa– baneta, Monserrate y Sabana Grande de la Trinidad se puedan cuidar medianamente bien por medio de dos sacerdotes no más, sino que precisa e indispensablemente son menester cuatro, para que haya un sacerdote en cada pueblo, y aun con esto no harán poco en descargar sus concien– cias. Este punto no es para poder expresar la pluma. Y sino ¿qué hará un sacerdote que se mete en este cuidado y el que más tiene, por lo común que se publica, es el que ni soñar había? ¿Qué doctrina ni en– señanza si no los entiende palabra ni le entienden los indios? Así pasa en esta isla en los cuatro pueblos referidos, porque solamente hay algu– nos pocos que hablan medianamente nuestro idioma, y lo comprueba el caso tan lastimoso que le pasó al P. D. Antonio Goveo, cuando quiso confesar a un indio por intérprete y no pudo porque le dijo el indio: "A tí, Padre, confesaré mis pecados pero no quiero al intérprete", y con esto se murió sin confesarse. Y si de esto se supo el suceso, quizás se ignora de otros más. Y si V.S. Ilma. se quiere informar con el R. P. Miguel Bravo, Dominico, si es que se halla todavía en esa isla, le dirá la verdad del presente caso y de otros. Y ¿a cuántos puedo administrar los santos sacrametnos cuando venía por este fin a dichos pueblos? Dejemos a esta parte y vamos a otros motivos que también declaran la imposibilidad de poderse cuidar los cuatro pueblos con dos sacerdotes no más. La distancia que tienen entre sí son cuatro leguas de malos ca– minos y ríos que median; la sujeción de los indios no es más que la ma– ña del sacerdote que les impone o sabe mantener, porque no la pueden tener de la vecindad de españoles, mulatos ni mestizos, supuesto la ca– sa y familia que de éstos tienen más cerca: hasta apartada diez leguas que se han de navegar por el mar. Ellos por sí manifiestan lo que son cuando los indios de un solo pueblo dieron violenta muerte al señor go– bernador de esta isla y otras diez o doce personas, y entre ellas a un religioso dominico y a otros tres capuchinos. Y en el año 1704 los cuatro pueblos referidos se quisieron levantar y matarnos a todos los misione– ros, librándonos Dios porque se descubrió a tiempo: que solamente los dos de ellos estaban en esto, porque lo cierto es que no son tan corde– ros y ovejas estos indios como los pintan. Y más con lo que reparo han descaecido desde que los apartaron los misioneros, y me hace juzgar

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