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218 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA una vez y, así como estábamos, unos a otros nos habíamos de socorrer: dejo a la consideración de V.S. Ilma. lo que pasaríamos en parajes tan míseros y entre indios: mucho fue no acabar de una vez todos, con todo no murió más que uno de nosotros. Pero, viéndose los religiosos de aquel modo, pidieron los más licencia para volverse a los reinos de España, y conmigo y otro compañero que volvió de la ciudad de Santa Fe, que había ido a ella para agenciar las providencias que S.M. había sido ser– vido conceder para la misión, y con la respuesta de que no había lugar para cosa alguna, y hizo viaje bien penoso y arriesgado de 500 leguas sin fruto alguno, y cuasi puedo decir que lo mismo me ha sucedido con la ida y vuelta de España, con haber hecho más de 400 a pie y más de 300 por mar. De todo sea Dios alabado, quien sabe por qué así lo permite. Estando en dicha conformidad en la provincia de Guayana, vino a ella de la Trinidad el teniente gobernador y, reparando en la forma que nos hallábamos y que no quedábamos más que tres religiosos y que no se había podido formar el pueblo de españoles, que de 75 familias se ha– bía de fundar para el abrigo de la misión, porque solamente eran 25 las que de Canarias habían venido y de gente inútil y de ningún provecho para el caso, y que asimismo las demás providencias precisas faltaban en el todo, me exhortó de que convenía pasase con su merced a la Trinidad para conferir con Su Señoría. Ejecutóse en esta conformidad y, después de haber formado junta capitular de lo más principal de la isla, fue re– suelto que por ahora nos retirásemos de la Guayana y nos estuviésemos cuidando de los dos pueblos de indios de Guairía y Sabaneta, como es– cribí en otra a V.S. Ilma.; y, como sobreviniese después de esto la muer– te del religioso interino que cuidaba de los españoles de Guayana, me precisó el gobernador a suplir la urgencia de esta necesidad, mediante uno de los compañeros que pasó desde luego a Guayana, así para asis– tir a los vecinos de la ciudad como también para ejecutarla con la In– fantería del castillo, donde de presente se mantiene con la dicha ocupa– ción. Empero siempre con el desconsuelo suyo y nuestro, por haberse de privar de la frecuencia del santo sacramento de la penitencia, que para un capuchino es fuerte rigor e impracticable por dilatado tiempo. Así lo ha dado a entender, pues en este poco menos de un año que allí se man– tiene, ha venido dos veces a la Trinidad para confesar, pero, como en ambas en la travesía le ha faltado poco para perderse, le ha cobrado miedo a este tránsito, que, por bien que vaya, cuando el Orinoco está crecido, es menestar 15 días para hacerlo y, además de los peligros, con hartas incomodidades. Y la primera y más principal, como V.S. Ilma.

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