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MISION DE LOS CAPUCHINOS EN GUAYANA 217 59 Carta del P. Prefecto Raimundo de Villafranca al obispo de Puerto Rico, resumiendo cuanto los Capuchinos habían trabajado en Trinidad y Guaya– na, sobre todo los tres últimos años (Trinidad, 15 agosto 1720) . - Copia ( HERMENEGILDO DE VICH, O.F.M. Cap., Primera parte de la historia de las misiones fundadas en la isla de la Trinidad de Barlovento y en la provincia de la Guayana por los religiosos misioneros capuchinos de la provincia de Cataluña, ms. 141, ff. 35-8, Biblio– teca Provincial y Universitaria de Barcelona). Ilmo. y Rvdmo. Señor: Después de pedir su bendición y ponerme a la obediencia de V.S. Ilma. con todo rendimiento, y participarle que pasaron seis meses que puse a cargo del Padre cura de la Trinidad la respuesta de la que me– recí recibir de V.S. Ilma. por el mismo medio, después que por su da– ta parecía haber más de tres meses que estaba escrita, y después acá no me ha venido otra, y por esto y no saber para cuándo podrá ser la visi– ta de V.S. Ilma. por estas partes y con la prevención de los inconvenien– tes que podrá ocasionar la más dilación, se me ofrece lo que en ésta iré re– firiendo. Cuando estuve en esa isla de Puerto Rico el año de 1717, presenté memorial al Ilmo. Cabildo eclesiástico, con que manifesté con claridad y llaneza la intención que había tenido en solicitar esta misión, en el su– puesto de que el Sr. D. Fr. Pedro de Urteaga, que gloria posee, obispo que fue de esta santa sede, solicitaba misión para cuando ... : así cons– taba por carta que había ya llegado en el Consejo de Su Majestad en el año de 1715. Y cuando pude llegar en ésta con mis compañeros, procu– ré desde luego darle cumplimiento, y para esto, después de la menos de– tención posible, pasé con todos mis compañeros a la provincia de Guaya– na, sin condescender por entonces a las fuertes instancias que me hizo el gobernador para que dejase a lo menos dos religiosos para el cuida– do de dos pueblos de indios de Guairía y Sabaneta. Ya que estuvimos en Guayana, reconocí de vista los más de sus parajes con mi compañero, el P. Fr. Manuel de San Feliú, y el teniente gobernador que también vino en mi compañía. Y, después del acuerdo de los más convenientes, nos planteamos en tres distintos no más por entonces, con prevención de lo que nos podía acontecer a los principios y en tierras no experimen– tadas. Después de poco tiempo de así formados, enfermamos todos de
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