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184 FUENTES PARA LA HISTORIA COLONIAL DE VENEZUELA reducidas las mlSlones y con la distancia de a más de tres leguas que tienen entre sí el uno de otro y que se han de hacer con los caminos har– to trabajosos que por la continuación de abundantes lluvias que tiene esta isla por tener ríos intermedios y materia reparable, recreciéndose ésta como se recrece por estar solos los misioneros con los indios, sin que ni una familia al menos de mestizos o mulatos, ya que no de espa– ñoles, les pueda asistir sin haberse de andar diez leguas y por el mar para irla a buscar, que es la mavor cercanía que tienen estas misiones de la vecindad de los españoles, siendo así, como es, que una de las misio– nes la tiene de la orilla del mar a un cuarto de hora, que con correr los tiempos que corren de vivas guerras y las ordinarias avenidas de los gua– raúnos del Orinoco, que a veces de este gentío se hallan en las misiones más de 500 personas, sobreañadiéndose a todo esto que si hasta ahora los misioneros lo han sobrellevado con constancia, ánimo y valor por el mayor servicio de ambas majestades, ha sido con las esperanzas de que les habían de llegar coadjutores, las que ya no parecen se haigan de te– ner con lo de haber sabido que cuatro llegaron a Cádiz para venir, fue– ron restituidos a su provincia, habiendo entre ellos uno que, habiendo asistido a los principios de las misiones había pasado a los reinos de Es– paña para buscarlos hace ya doce años; con lo otro bien sabido también que, para venir los misioneros de pronto ahora recién llegados a sus misiones, ha sido preciso que su misma Religión los costeare el viaje, lo que no tiene posibilidad para poder hacer la de los Capuchinos, que, siendo ésta menester para mandar sus misioneros si viene el caso, aclara las esperanzas se puedan tener, vengan y con eso también el ánimo que los misioneros han de tener para hacer en lo adelante lo que han hecho hasta ahora. Otro más también aclara qué ánimo han de tener el considerar que dende que vinieron los misioneros que se hallan en las misiones, van re– parando que esta isla y sus cosas siempre han ido a menos y deteriorán– dose de tal modo, que parece ha de venir a parar a lo que ya se halla la Guayana el día de hoy, y haber de decir V.S. , según siente con lo que tiene experimentado en el discurso de dos, con poca diferencia, años, se presume lo había de confirmar del modo lo bacía el antecesor de V.S. con el decir: Dios me guarde del enemigo, que esta isla está perdida y sin gentes, y más la Guayana por estar toda despoblada. Y, en suma, el ánimo de los misioneros es restituirse a los reinos de España, y a ello aun consideran estar precisados por más causas y razones que subsisten
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