BCCCAP00000000000000000000191

a punta de lanza. Lo impone, acertadamente, como un deber a los reigiosos jóvenes que se han de dedicar al apostolado, a fin de desempeñar con mayor provecho para las almas "la tarea que la santa obediencia les ha confiado". Lo que no tendrá que degenerar en exclusivismos. Alguien, que ha colgado los hábitos, determina pertubar la paz de bs con– ventos. Llega su acusación a Capitanía General: religiosos emb'.)scados, ::¡ue no prestaron el servicio militar y religiosos nacionalistas. Se nombra juez inspector al comandante D. Arturo Iruretagoyena, que previene a su amigo, P. Carmelo de Iturgoyen (uno de los definidores recién elegidos), estar a punto para cum– plir su misión en los conventos de Fuenterrabía y de Lecároz; no parece darle mucha importancia a la inhibición del servicio militar. En hecho de verdad se redujo a 290 pesetas de multa tras el sincero reconocimiento de haber faltado a la ley. Como es de presumir indicó el P. Carmelo a los superiores respectivos las precauciones de anulación del cuerpo del delito, si p,Jr acaso lo hubiera 45 : insignias, libros, cartas, especialmente dirigidas al P. Fulano, País Baske-Lecá- roz. Hasta la presente misiva quiere que se destruya. · Corrobora el min. prov., P. Ciáurriz, el nombramie:ito de un juez militar de instrucción, que tal vez se reduzca a visitar el convento de Fuenterrabía: lle– garon a Capitanía General las denuncias por injurias de Jos capuchinos nacio– nalistas a la patria española; pero hasta en sus conversaciones con el cardenal Ilundáin y con otros obispos se ha vuelto a cargar el acento sobre el separatis– mo del Colegio de Lecároz 46 • Fue no poco oportuna Ja inesperada visita del general Primo de Rivera, Jefe del Gobierno. El domingo 25 de septiembre de 192'7 del mismo rres que había cundido la alarma, S. E. después de inaugurar en Pamplona el mooomen– to a San Francisco de Asís, se dirigió a Elizondo en el lin::oln de D. Cleofé Sa– rasa. Los baztaneses, apiñados, desde el pueblo de Almándoz, en sus tér:ninos, esperaron bajo un fuerte aguacero el paso de la comitivc.. Luego de haber sa– ludado a las autoridades municipales en la Casa Consistorial, se dirigió Primo de Rivera, estrujado entre la gente" al Colegio de Lecároz, cuya Comunidad en pleno le recibió a la entrada y le acompañó al refectorio colegial, en donde el rector, P. Dámaso de Elizondo, le dio la bienvenida, orgulloso de la honra que nos dispensaba con su presencia: " ... aquí se os quiere y admira cono sal– vador de España, fomentador del progreso y como prototipo de caballero y de patriota. Por ser V. E. el más español de los españoles, os saludamos con res– peto y que los momentos que paséis entre nosotros os sean gratos". Agradeció en breves palabras S. E. el saludo y homenaje "y expresó que si alguna duda de cierta índole hubiera tenido acerca del alto concepto que le merecía el Colegio (cosa que no la tuvo), la había dejado a fa puerta de la en– trada al saber que en el Colegio se educaba a la nueva generación de hombres del mañana para hacer de ellos buenos ciudadanos". 45. P. Carmelo de Iturgoyen al rector P. Dámaso de Elizondo; San Sebastián 7 je sep– tiembre de 1927: ACL, J-107. 46. P. Ildefonso de Ciáurriz, min. prov., al rector P. Dámaso de Elizondo; Pamplona, sept. 1927: ACL, J-106. 175

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz