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-185- paciencia y los buenos modales con ellas, conseguirán corregirlas de muchos de sus defectos. Por eso te acon· sejo, que en el trato con las personas que tengas a tu servicio, evites tanto la excesiva condescendencia, co– mo la demasiada severidad. Procura ante todo encontrar un buen criado, y una vez que lo encuentres, abandónate a él con confianza, pues aunque en alguna ocasión tengas que lamentarte de ·haber seguido su consejo, muchas más serán las que te arrepentirás de no haberle escuchado por seguir tu pa– recer o tu capricho. El conoce bien las costumbres del país y tú no; a veces él creerá más conveniente ha– cer o dejar de hacer una cosa en contra de tu órdenes y si estuvieras en disposición de apreciar las razones que le han movido a obrar así, en vez de enojarte y reprenderle, no podrías menos de alabar el celo y la prudencia que ha demostrado en tu favor. Es el conse– jo que daba San Franciscp Xavier a un misionero al mandarle un criado: «El hombre que te mando conoce bien las gentes de este país y sabe perfectamente cómo se ha de tratar con ellas. Haz pues lo que él te di– ga sin contradecirle en nada. Así lo hice yo y me ha ido muy bien. Hazlo pues tú también. Te lo ruego en– carecidamente». Pero a veces sucede que nosotros recompensamos una acción buena o al menos hecha con buena inten– ción, manifestando nuestros malos modales en palabras ofensivas, de las cuales muy pronto tenemos que arre– pentírnos. Creemos siempre que las personas que nos rodean son sospechosas e indignas de nuestra confianza y en consecuencia se cierra todo bajo llave de un_ modo
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