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-167- y prácticas de piedad. Esto, a lo sumo, bastará para no faltar a los deberes del sacerdocio, pero el que quiera penetrar en los misteriosos designios de Dios sobre las almas, debe hacer de 1a oración su refugio, su alimento, su fuerza y su ocupación predilecta de día y de noche. Por otra parte, sólo las almas convertidas por este medio, ofrecen garantía de seguridad. «Ninguno va al Padre sino por Mí-ha dicho Jesucristo-y ninguno vie– ne a Mí, si el Padre, que me ha mandado, no lo trae.» Está escrito tambien: «Pídemelo y te daré las gentes en heredad.» Sí, pues, quieres almas y lo que es más im– portante, verdaderas almas, pídeselo a Dios. Todas las demás que hayas ganado con tu industria púramente humana, o por medio de alguna poderosa protección o con los beneficios que les has hecho, serán, en el me– jor de los casos, almas sin valor y aptas solamente para introducir el desorden y la confusión en la casa del Pa– dre de familias. ¡Oración, hermano mío, oración! que si aun con ella verás defecciones y caídas, como las sufrieron también los primeros seguidores de Jesucristo, serán no obstante menores y en lugar de abatirte, servirán de acicate para redoblar tu celo, al mismo tiempo que la sumisión y obediencia de tu pequeña grey te evitarán el decaimiento y desaliento, que son los enemigos más terribles, que tiene todo misionero. Si haces de la capilla tu gabinete preferido de consulta, si sabes pa– sar en ella largas horas a los pies de Jesús sacramen– tado y permanecer en tu casa con el rosario o el libro devoto en tus manos, verá~ cómo crecen en número y mejoran de costumbres tus cristianos.

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