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-141- replique con dureza echándote en cara la vergüenza de no poseer siquiera la educación más elemental. Mi querido hermano, si amas de veras la paz del corazón y la tranquilidad de la conciencia, habla todo lo menos que puedas, y si no te sientes lo bastante fuerte para refrenar tus deseos de crítica, no salgas del barco durante todo el viaje, y · conténtate con saludar desde cubierta las cruces de las torres que veas a lo lejos y con hacer una visita y comunión espiritual a Jesús sa– cramentado en aquellos lugares. Pero me dirás: ¿donde está entonces la poesía de viajar, de ver nuevas tierras y gentes, de pisar aque– llos lugares, que tantas veces vimos en sueños y tanta parte tuvieron en la historia de nuestra vocación? Pues bien, mira todo lo que quieras, ya que tanto lo deseas, observa, contempla. Hazte todo ojos, lengua, oídos. Tal vez tus conocimientos geográficos y tu erudición ge– neral se enriquezcan con algunas ideas más; pero si al fin de la jornada te repliegas dentro de ti mismo, y no encuentras aquella calma y aquel recogimiento que con tanto esfuerzo conquistáste antes de partir, y que des– pués de todo vale mucho más que todas las vanas satis– facciones que te has procurado, no culpes a nadie si– no a tu exceso de curiosidad. Yo quedo tranquilo con habértelo avisado.

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