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-131- breviario, un crucifijo, un libro de devoción y una tú– nica, que él mismo se había remendado la víspera de partir. ¡Tales eran los preparativos y los bagajes de aquellos verdaderos apóstoles d<:· Jesucristo! No es que yo pretenda tanto de tí, mi querido hermano; pero pue– des comprender que no está muy confonne con la mi– sión que llevas, ese cargamento de comestibles y bo– tellas, de dulces y otras mil chucherías, que denotan un exceso de previsión material y mucha falta de deseos de sufrir, las cuales cosas dan la extraña sensación de que nos servimos de la vocación apostólica, para em– pezar a poseer y acumular, mientras olvidamos quepa– ra los verdaderos apóstoles, la vocación es insepara– ble del precepto dado por Jesucristo de vender todo lo que se tiene y darlo a los pobres. 4. 0 A mí me basta el breviario y el rosario– Sin embargo, no quisiera que el aspirante a misionero se dejase engañar por un falso concepto de lo que sig– nifica esa renuncia total de todas las cosas, ya que si el amontonar y cargarse de objetos inútiles y capricho– sos es un defecto, no lo es menos el no prever lo que puede semos útil en el nuevo ministerio que vamos a empezar. Así el que tiene, por ejemplo, aptitudes de carpintero o ebanista debe llevar consigo las herramien– tas de su oficio; el que es aficionado a la pintura o a la construcción de edificios no se olvide de sus compases, niveles, pinturas y pinceles.
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