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-106- caridad. Y no obstante todo lo abandonan, y saben afrontar con valor las penalidades y privaciones insepa– rables de la vida misional y en toda nave que atraca en los puertos de tierras infieles, va un grupo-demasiado numeroso siempre-de estos falsos apóstoles, mientras solo de cuando en cuando se ve descender algún grupo insignificante de misioneros católicos. ¡Esto causa do– lor y vergüenza! Pues bien, el que tenga un corazón verdaderamen– te sacerdotal, rompa todo obstáculo y vaya a disputar al error la hegemonía de los pueblos paganos, o a to– mar posesión de las almas todavía vírgenes, donde el mal no ha dejado sentir aún el veneno de su presencia. ¿Nos expondremos a que nuestros mismos enemigos se levanten un día contra nosotros y sean nuestros acusa– dores y nuestra condenación.? 4. 0 Lenguaje del verdadero apóstol.-Crée– me, oh joven de poco ánimo, las fatigas, las privacio– nes, los trabajos de la vida misionera ante los cuales tiemblas con un miedo tan irracional, no son muchas veces sino fantasías y espantajos agrandados por tu imaginación. Nada más. Haz un acto resuelto :de vo– luntad y verás como el fantasma desaparece. Los su– frimientos que irán a golpear a la puerta de tu futura casita misional, se acercarán a tí, no, como Parcas ine– xorables, para cortar el hilo de tu existencia, sino que llegarán como enviados de Dios, como caricias de su
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