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autodisciplina; campamentos y espíritu boy scout; trato normal con los humanos. Se completa la sesión con alguna ponencia sobre el noviciado y los novicios: falta de selección, mentalidad extraña a lo tradicional. Se borraron las discrepancias respecto al traslado del seminario desde Ibarra a Quito, como ventajoso cultural y humanísticamente para profesores y alumnos y con mayor aliciente para los profesores que el convento de Ibana; pero no se declara cuál será el nuevo emplaza– miento, si el colegio que inauguró el padre Labaca como "San Lorenzo de Brindis" o el de Chillogallo en proyecto; aunque parece que, al menos por el momento, se piensa en el edificio ya existente, puesto que se vota que el curso 67-68 se inaugure en la capital de la república. El noviciado vuelve a Ibarra. Y los coristas pasan a Bogotá, al centro La Caro (Chía). Novedad sorprendente esta última, cuando apenas se había estrenado la obra gigante del P. Manuel Labaca en Quito (33). AÑO 1967.- Dícese que, tras el Vaticano II entró en crisis el sistema de misiones populares. Tal vez los de este año fueron los últimos fogonazos encendidos desde la fraternidad de Ibarra en Pimam– piro, San Pablo de Lago, Cotacachi, Atuntaqui, Tulcán, por el celo apostólico de J. Sánchez, Francisco Sarriés y Jesús Arrondo, imitados por el resto de los profesores religiosos (que son ya pocos) durante las vacaciones veraniegas. Durante el Triduo Sacro y en época de primeras comuniones, parece la iglesia de San Francisco la sagrada penitenciaría de toda la provincia de Imbabura. Se han incorporado al colegio, en régimen interno, con sus horas de vigilancia, los profesores seglares Carlos Guerrón y Alejandro Dutal; y en plan docente, Norberto Fuertes, Mru.io Machado, Carlos Barahona y Fabián Jácome, antiguo alumno; continúa por su parte el señor Ayabaca. Por el mes de abril reunión con el visitador provincial, P. Francisco de Arizcun, con el cual se examina el problema, cada vez más acuciante, del seminario seráfico. Se ratifica la necesidad del traslado del colegio a la capital, pero no se perciben los motivos reales de esa decisión. Parece, por las intervenciones que hubo en la junta de educadores del día 9 de mayo, formada por 15 religiosos presididos por el padre custodio, que falta el estímulo en el profesorado, la formación universitaria y peda– gógica, que en Quito podría adquirirse con facilidad. Profesores hubo que mostraron su despego de la docencia por una mayor dedicación a la actividad pastoral. Signos evidentes de crisis, ensombrecida por el pesimismo que causa el bajísimo índice de perseverancia. Se propugna el seminario vocacional, en que se potencien ante todo las virtudes cristianas, la inquietud apostólica, el optimismo, la selteción, Se juzgan caducados los métodos pedagógicos hasta ahora vigentes. 243
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