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necesaria, se determina no admitir candidatos nuevos para el curso 1956-57. Nernesio, que tiene perdida toda la dentadura, renuncia al torno y al empaste por mor de la economía, hasta que algún flemonazo le derrote (11). No acude el colegio seráfico a saludar al presidente de la república, Camilo Ponce, con ser tan amigo de la Orden capuchina, por falta de hábitos decentes ("parece que duele mucho hacérselos") (12) ; ni al desfile de la fiesta del retorno (abril de 59) porque carecen también de uniformes. Signos de estrecheces ; pero menos urgentes aún que las de ajuar, mobiliario y puchero. En reunión con el custodio Langru:ica comenta uno de los profesores que "la comida o almuerzo se reducía a calderada de berza, un boniato que se les echaba sobre la mesa y alguna brizna de carne". Parece que no toda la culpa ha de echarse a falta de recursos, sino a pereza e indolencia del cocinero cholito. Por eso opinan los mismos profesores que bien podían haberse admitido más número que los 35 alumnos con que se inicia el cmso 57-58. Su director, J.M. Arráiz está ilusionado con el comportamiento de los muchachos, pese a todas las deficiencias; y alimenta "fundadas esperanzas de que llegarán unos cuantos a la meta del sacerdocio". Ratifica su empeño, de innegable sentido social, de hacerles cursar el bachillerato (13). Persiste en su convencimiento de que se pueden sacar buenos capuchinos del suelo ecuatoriano , " si se ponen los medios" (14). Uno de ellos, irremplazable, el profesorado con dedicación plena, sin distracciones ministeriales. El nuevo superior de la casa y director del colegio, Gregario de Mondragón (8 de abril de 1958) reclama del ministro provincial de NCA un salvavidas. Profesores con 24 y 25 clases semanales, y si el uno es prefecto espiritual, el otro es de disciplina, el tercero de estudios y un cuarto director de música y organista en la iglesia, sin contar las horas dedicadas a declamación y teatro, con los cursos de lro., 3ro., 4to. y 5to. El nuevo custodio, Serafín de Lezáun pide al provincial Florencia dos profesores para el seminario y otros dos sacerdotes que sustituyan a los padres Santos, nombrado superior regular del Aguarico y Rafael de Gulina, de regreso en Espafi.a. Y J. A. Recalde, que pide albricias por los 30 niños últimamente reclutados, "muy bien seleccionados" coincide en la misma petición para el colegio de !barra, "porque los seglares, además de resultar costosos, (10.000 sucres mensuales) no pueden suplir la labor pastoral. Y si no, cerrar el colegio, antes que defraudar a los muchachos y a sus familias y a la misma Orden capuchina" (15). 234
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