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Por la colaboración del pueblo en mingas y del municipio con sus volquetas y su donativo de 5.000 sucres y donación de la madera para techado y soleras, se había realizado buena parte de la obra de refacción con no más de 57 .276 sucres de gasto. Cierto que tumbar los árboles, tablearlos y acarrearlos quedó por cuenta del convento; pero allá se llegaron hábiles leñadores y carpinteros, que, a ración y sin sueldo, realizaron ceiteramente su cometido (3). Opino que fue el P. Rafael de Gulina quien levantó y distribuyó el piso superior en su mayor parte y quien añadió nuevo lienzo hacia la huerta, cuando se determinó el traslado del colegio desde Tulcán a !barra; obra que completó con nuevo tramo, entre el colegio y la biblioteca, cuando se le notificó que en Iba.na iba a funcionar el primer noviciado de la custodia (4). En la Crónica apenas se mencionan la habilitación de algunas dependencias, enlaces de colegio y de comunidad y miles de tejas adquiridos de regalo o por contrata; y, según ha podido comprobarse por lo que de ella dejamos transcrito, la natural complacencia con que el superior, ecónomo y cronista, Rafael de Gulina, va anotando, desde los sucres que se recaudan en tómbolas y responsos, hasta los ingresos por misas cantadas y diaconadas y por diversas actuaciones pastorales y literarias. Marceliano de Lizaso, de innegable finura espiritual y celo apostólico, preocupado por las angustias de su convento, se desfoga en estos términos: "Mi objetivo, sacar plata para nuestro Seminario Seráfico... canta misas y oficia tres horas seguidas todos los días en funerales y entien-os, bautiza media humanidad (unos sesenta niños semanales), confiesa dos orejones larguísimos de mujeres y hombres a ambos lados del confesionario... recoge responsos por miles, a caballo, en carro, agá.nate a todo, porque la deuda de miles te aprieta y luego cuenta a la noche con afán de avaro los billetes de pesos, que son de peso, diez pesetas al cambio... espero me valdrá delante de Dios, que ni un céntimo era para mí" (5). El sacerdote, y en el caso la comunidad, ha de vivir del altar. Los gastos fueron muchos, las aportaciones de la fraternidad no pequeñas, la generosidad de los bienhechores notable, el esfuerzo gigantesco; y con eso y con todo, ni la obra fue tan definitiva que a los tres años no se pensase en Argentina o en Colombia para noviciado, por inadecuación del local en Ibana (6), ni las finanzas tan boyantes que no se llegasen a suscitar ciertas protestas por las estrecheces ni muchas desazones por carencias inadmisibles en el colegio. Se planteó la petición de un empréstito de 100.000 sucres; tuvo que cobreseerse por falta de garantía hipotecaria, pues estaba sin escriturarse solares y te1Tenos de !barra, Tulcán y Mariano A.costa (7 )'. ,, 232

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