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para confesarse conservan la terminología precisa del catecismo del Padre Astete. Solamente tuve que encomendar a la sabiduría divina a una anciana que no supo expresarse más que en su lengua originaria. La prensa y la radio locales han puesto de relieve, en diversas ocasiones, la presencia influyente de los capuchinos en !barra. Con motivo del homenaje que se rindió al P. Serafín de Lezáun, guardián del convento, en sus bodas de plata sacerdotales, publicaba el diario "La Verdad" (9 de mayo de 1954): "Desde que los capuchinos llegaron a esta ciudad, ha cambiado y va cambiando cada día el espíritu de la misma. Se va dejando sentir la acción bienhechora de esta Comunidad Religiosa, cuyo apostolado se refleja especialmente en la clase humilde, en el verdadero y auténtico pueblo" . "Los Capuchinos se han acercado tanto al pueblo, que éste sin disimulos se les ha pegado. Y el Municipio ha sabido interpretar muy bien esta simpatía y este verdadero y profundo aprecio que el pueblo iban-eño y el de los contornos de !barra tiene para con los PP. de la Orden Capuchina. Signo de esa simpatía fue por ejemplo su concurrencia a las mingas en las que, a sola ración y sin sueldo, restauraron la iglesia, despedraron la huerta, y dieron oportunidad para la reforma, ampliación y remoza– miento del vetusto "tugurio ': conventual. A petición del prelado y de los párrocos de Imbabura y Carchi se van sucediendo las fatigosas jornadas misionales, al estilo peninsular, con los seis actos diferenciados por día. Y con ser tan agotadoras, resultan a veces livianas esas tareas ante las desolladuras , sobresaltos y quebrantos de largas jornadas a caballo y frente a la incomodidad enervante del alojamiento. Acudió Santos de Egüés al pueblo "García Moreno", núcleo reducido de banacas y hojarasca de chozas dispersas, jurisdicción espiritual del P. Rafael de Gulina. Oratoria sagrada bajo cobertizo abierto a todos los vientos y a muchas aguas, porque llovió tropicalmente. Muy satisfecho el predicador por el hambre de evangelio que manifestaron sus moradores y por los raudales de gracia sacramen– tal con que les premió el Señor. "Lo peor y más costoso .fue para mí el dormir. Mi habitación era del dominio público ; cuando menos lo pensaba, se asomaban los niños y los cmiosos para enterarse de lo que hacía el Padrecito y charlar con él, como si fuese la cosa más natural. Para dormir tenía que vendarme las manos, los pies y hasta la cabeza, para evitar que los moscos (moscas pequeñitas venenosas, sumamente molestas, frecuente vehículo de paludismo) me taladrasen la piel. A pesar de tales precauciones, no pude librarme de sus picaduras, que me han durado más de mes y medio" (1). 230
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