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ornamentos góticos, vasos sagrados de plata sobredorada... "La gente no se cansa de hacer donativos para hermosear nuestra iglesia" (68). Y tampoco se cansaba de af1uir en número desbordante a los actos de culto, ni de reclamar para sus difuntos la celebración de las honras fúnebres, desde el rito de inhumación, por la fraternidad capuchina. Todo lo cual provocó una reacción poco serena de los señores párrocos de la Dolorosa, doctores Alfonso Mejía y León Pío Bravo, que reclama- · ron la cuarta funeral con gesto airado. Se replicó en alegato jurídico bien fundamentado, que mereció el laudo favorable del P. Regatillo, se cruzaron fogonazos literruios, intervino el señor nuncio y hasta el intendente general del Carchi, Luis E. Villarreal que dirigió un oficio muy poco comedido al superior de la fraternidad capuchina. Hasta que el pleito quedó zanjado mediante acuerdo sellado el 11 de febrero de 1960; y que firmaron el nuncio Alfredo Bruniera, -el obispo de !barra Luis Silvia Haro, el custodio Serafín de Lezáun, el superior local Luis de Viscarret y el párroco en funciones León Pío Bravo. La comunidad capuchina se obliga a entregar al párroco de la Dolorosa 20, 30 o 40 sucres, a tenor de la categoría exequial (69). "El Sr. Obispo y el párroco unidos nos estaban amru·gando demasiado... El Sr. Nuncio reconoció nuestro privilegio, después del estudio que le presentaron y que también habíamos mandado al R. P. Policarpo (de Iráizoz); y todo ha quedado resuelto a nuestro favor" (70). Por evitar nuevos choques con los eclesiásticos se renunció a la institución funeraria de San Francisco, "fundada por nuestros antiguos Padres y que era una buena fuente de ingresos" (71). No parece sino que la fraternidad capuchina y la comunidad cristiana de Tulcán, al verse aliviados de la ganga parroquial, hubieran sentido una mayor fuerza de cohesión y un ansia más ilusionada de religiosidad compartida. Hay un recrecer pastoral en catequesis, predica– ción de triduos, novenas, misiones, en solemnidades litúrgicas de nutrida concurrencia (72). La iglesia progresa en galanura, hasta pru·ecer excesiva, por la generosidad de los fieles que subvencionan el altar y la imagen del Jesús del Gran Poder (22.000 sucres) el altar de mármol (16.000 sucres), el comulgatorio también de mármol (familia Argoiti). La hermana de P. Clemente de Tulcán, Srta. Clai·a Guerrón deja 15.000 sucres de legado testamentruio. Funda el P. Carlos de San Isidro (año 1960) un "Taller de Corte, Confección y Bordado", que se inicia con 100 alumnas pobres y que en su cota máxima (curso 1966-1967) alcanza una matrícula de 120. Limosnas y pelea de gallos organizada por los padres Carlos y Eusebio, que hasta el año 1963 mantuvo el arriendo del coliseo, costean el funcionamiento del taller, enteramente gratuito para el alumnado. 214

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