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es tan apreciado. El cariño además con que siempre les rodea el pueblo cristiano pmeba la eficacia de su labor apostólica" (63). Desde aquella fecha cesó el cabildo catedral en sus importunaciones. Y el custodio Langarica correspondió a aquel obligado (o, al menos, prudente) silencio con una campaña de apaciguamiento del pueblo, enardecido contra el supuesto atropello curial. Por decreto de 6 de diciembre de 1956 había traspasado S.E. la parroquia de capuchinos al sacerdote secular, Dr. Alfonso Mejía, con la nueva advocación de Nuestra Señora de los Dolores, contra la titulari– dad tradicional de "parroquia de San Francisco". Y aun se dejó decir Mons. Silvio Luis Haro que los capuchinos habían renunciado a la parroquia. "Se nos quita, no nos vamos", replicó el custodio Langarica en el mismo periódico local, "La Verdad" al desatinado infundio (64). Como persistiera el prelado de !barra en que antes que la iglesia de capuchinos tenía que levantarse la parroquial, intervino diplomática– mente el señor nuncio; y colaboró el custodio Langarica con la doble consigna de disolver los comités de recaudación y de prohibir a los religiosos de Tulcán las visitas domiciliarias (65). El 4 de febrero de 1957 celebróse un acto de conciliación entre ambos cleros, firmado por el obispo de !barra, por el custodio Santos de Egüés, por Gregorio de Mondragón y por algunos sacerdotes de Tulcán. Y por más que los feligreses se decantaran por la fraternidad capuchina, no hubo otras colectas que las de la iglesia propia; ni, contra el parecer de R. Ballona, otra iglesia que la vetusta, sólida de paredes y de cubierta, pero sujeta a remodelación y restauración. Se rasgaron las paredes, con puertas y ventanales arqueados; se abrieron seis capillas nuevas; se estucó la techumbre, se construyeron dos robustísimos coros, el de los fieles y el de los novicios (obra cumbre de fray Lorenzo de Arraiz) y se remodeló y embelleció el camarín de la Divina Pastora, titular de la iglesia (66). ' - Desde abril de 1958, superior de la casa el P. Luis de Viscarret y custodio de Ecuador el P. Serafín de Lezáun. Continúa en Tulcán la ornamentación y equipamiento de la iglesia hasta el guardianato del P. Eusebio de Iturgoyen, que contrata el comulgatorio de mármol rosado de Baños y el órgano electrónico japonés (67}. Altar de mármol de Carrara; los laterales, de madera, labrados en San Antonio de !barra; artesonado de cedro charolado, baldosa de Manises, bronces y vidrieras españoles, sillas de cedro colombiano, custodia de marfil africano, 213

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