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cabo del ministerio parroquial en la iglesia capuchina de Tulcán que lo fue la ensoñada utopía colegial. Anteriormente dejamos consignado (p. 71 de estos apuntes) que el obispo de Ibarra, Mons. César Antonio Mosquera, había convenido con el comisario P. Matías de Ibana, en reconocer el rango de parroquia a la Iglesia capuchina de Tulcán. En una población de más de 16.000 habitantes (hoy ha rebasado los 30.000) no gozaba de esa categoría más que la iglesia matriz. El 24 de junio de 1952, según advirtió el P. Angel de Ucar al custodio P. Ruperto, expiraba el plazo de concesión. A tenor del inventario de 6 de abril de 1947 , el templo había sido notablemente mejorado como inmueble y en su mobiliario, merced al celo cuidadoso de los padres Pablo y Clemente de Tulcán y Alfredo de Pasto (52). Al concluir el año 52, el mismo prelado Mosquera, tan afecto a la Orden capuchina, ofreció la renovación del contrato en condiciones análogas al primitivo. Como éste había parecido excesivamente oneroso, principalmente en su cláusula 5a. de cesión de local, al custodio P. Arizaleta, se difirió la respuesta (53) ; pero no se interrumpió el ejercicio de los deberes y de los derechos parroquiales. "Es una de las mejores pa1Toquias de la diócesis, de mucho y agradable trabajo y de no menor remuneración" --advertía el custodio Langarica (54). Sucedió a Mons. César Antonio Mosquera, en la sede episcopal de Ibarra, Monseñor Luis Silvio Haro Alvear, quien, según queda referido, condicionó la renovación del convento pa1Toquial de San Francisco de Tulcán a la admisión de su articulado en la fundación y funcionamiento del colegio de secundaria (agosto y octubre de 1955). Al fracasar en sus empeños, denunció la extinción del contrato de 1942, que debía tener– se por definitiva; porque el cabildo, fundado en razones cuya versión original le remitía, se negaba a renovarlo, "no habiendo siquiera discutido ni una de las bases propuestas por el suscrito" (obispo Haro) (55). Las razones por las que "unánimemente" rehusaba el cabildo ibarreño la nueva oferta hecha a su tiempo por Mons. César A. Mosquera se disparaban en graves acusaciones sobre incumplimiento del convenio primitivo : 1) no haber fomentado la construcción de la futura iglesia parroquial de San Francisco (nuevo edificio, al parecer) ; 2) no haber afincado en Maldonado, no a fuer de visitador extraordinario, sino cdmo misionero permanente, a ningún sacerdote capuchino ; 3) no haber dado cuenta, como los otros párrocos , de los ingresos y gastos parroquiales ; 4) haberse negado a atender las llamadas de los enfermos durante la noche; 5) no haber cumplido el servicio de capellanes de las betlemitas y del hospital, con asignación o sin ella; 6) no haberse esforzado por incrementar las congregaciones piadosas establecidas en la parroquia (56). 210
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